Esta es la premisa de una curiosa película australiana “Daybreakers” que se estrena al rebufo de la moda de películas de vampiros. Una idea genial: la tierra ha sido invadida por vampiros que se han convertido en “lo normal” y los últimos humanos que quedan son una especie en extinción que es capturada y utilizada como meros productores de sangre en granjas. La extinción de los humanos va a provocar la falta de alimento de los vampiros y a su vez su fin.
Lo malo es que esta estupenda premisa que podría dar lugar a una especie de Blade Runner vampírico existencial lleno de connotaciones políticas, se transforma por obra y gracia de un guión pobre y de una realización de telefilme en una película de serie B de aventuras en la que se encuentran antídotos milagrosos y en la que los vampiros explotan como palomitas de maíz a la primera de cambio.
Ethan Hawke, siempre apropiado como personaje ajado y ojeroso, Willem Dafoe y el inevitable en toda producción australiana de renombre Sam Neill forman el reparto. Sería un material magnífico para realizar una serie aumentando las dosis de humor negro.
De todos los niños “prodigio” (o digamos mejor niños actores en este caso) de la historia del cine destaca un caso por lo extravagante y exótico: el del niño indio Sabu. Un chaval feucho y cabezón que participó en un montón de películas sobre todo británicas haciendo siempre de contrapunto exótico y vagamente humorístico de los protagonistas blancos. Nunca interpretó un papel “normal” y pasada la veintena seguía repitiendo su papel de Mogwli
Sabú nació en la India y era hijo de un conductor de elefantes, fue descubierto por el documentalista Robert Flaherty. Los hermanos Korda le dieron papeles en “The Drum” “El Libro de la Selva”, y su película más recordada, “El Ladrón de Bagdad”. En Hollywood se unió a la trouppe de Maria Montez y sus películas kitsch de aventuras orientales con nulo rigor histórico, incorrección política a raudales, decorados coloristas y encanto sin igual, cuyo film estrella es “Las mil y una noches”. Ya talludito tuvo la suerte de tener un papel en una de las mejores películas de la historia: “Narciso Negro” de Emeric y Pressburger.
Su vida personal también tiene ese toque aventurero de sus películas, tras nacionalizarse estadounidense luchó en la Segunda Guerra Mundial (y hasta fue condecorado) y más tarde siguió montando elefantes en películas europeas de poca monta, trabajando también el circo. Su hijo creó una banda de rock en los 80 llamada también Sabu. ¡Que alguien encuentre sus discos!.
Nine es una de las grandes esperanzas de este año para la temporada de premios. Una producción de lujo, basada en un gran éxito de Broadway con un reparto estelar a más no poder (salvo una de las grandes incógnitas…¿que pinta Fergie?) Su gran baza, que es ser un nuevo Chicago, se convierte en su gran lastre.
Rob Marshall ha construido Nine a imagen y semejanza de Chicago, con una cuidada dirección artística (que no se refleja en el horrendo poster) los números musicales se desarrollan en un escenario ficticio en la imaginación o subconsciente de los protagonistas, y no dentro de la propia ficción como en la mayoría de los musicales de Hollywood. Y también como en Chicago los números musicales son interrumpidos con diálogos.
El problema de la comparación con Chicago es el material de base: hay un abismo entre la obra resultona con canciones resultonas de Nine y las canciones superlativas y magnífico argumento y personajes de Chicago. No hay color. Con el libreto y sus canciones Rob Marshall ha conseguido un buen producto, pero no alcanza ni de lejos el listón que él mismo se ha puesto.
Del cast destacan Penélope Cruz y Marion Cotillard dulces y sexys y cubren el expediente los demás como un chepudo Daniel Day Lewis o unas petrificadas Sophia Loren (pero maravillosa, por supuesto) o Nicole Kidman.
El último gran éxito del cine de terror llega por fin, precedida por un fantástico tráiler, que promete sustos de un modo terriblemente realista. Pues bien, este es uno de esos casos en los que lo único bueno de la película es el tráiler, realizado con maestría.
La película está rodada con el cansino y mareante estilo de falso documental amateur, por lo que se recomienda no ir a la sesión recién comido. La premisa de que un amateur sigue grabando mientras un le acechan los espírtuEl principio se hace eterno hasta que llega el primero de los previsibles sustos y entonces uno se da cuenta que el punto simpático de la película: que una obra grabada de modo casi casero se haya colado en las taquillas de medio mundo, es en realidad un arma de doble filo, porque no solo está rodada de un modo barato, si no que todo en la película es barato, por no decir cutre: el guión, la realización, la actuación… todo. Uno no deja de pensar que con un poco de presupuesto podían haber pagado a alguien con talento para dirigir, escribir y poner música al cotarro, y que la película es solamente una curiosidad pasajera.
De las estrellas del cine clásico que aparecen como personaje en películas variadas resulta curioso el caso de Orson Welles, porque quizás es el más recurrente. La reciente “Orson Welles y yo” de Richard Linklater es el último ejemplo que incluye a Welles entre sus personajes. Describe la preparación y ensayos de la mítica adaptación que hizo con su compañía teatral Mercury del Julio Cesar de Shakespeare. Welles es un personaje secundario, ya que se trata de la historia de amor entre dos miembros de la compañía (encarnados por Zac Efron y una recuperada Claire Danes)
Danny Huston encarnó también a Welles hace poco en la fallida “Fundido a Negro” (Fade to Black, 2006) y otras apariciones estelares son la fugaz y maravillosa aparición en “Ed Wood” de Tim Burton en la que hacía como figura paralela a Ed Wood (el mejor director de la historia y el peor tienen inquietudes semejantes) y laobra de Tim Robbins “Abajo el Telón” (Craddle Will Rock, 1999). Y si se consulta la IMDB ha aparecido en 21 películas… ¿a que se debe esta atención?
Probablemente esta atención se debe a que Welles era un genio en toda la extensión de la palabra y con todos los tópicos que se suelen aplicar (extravagante, excéntrico, maldito, irascible, caprichoso, generoso, genial). Su interpretación es además un papel bombón por su electrizante voz y su presencia. La parte que se ha solido explotar más en estas obras es la época teatral de los principios, y también la gestación de Ciudadano Kane.
Una gran rareza este año: dos de los cineastas más aclamados de cine “independiente” se han lanzado al cine infantil con gran éxito.Primero fue Wes Anderson con la maravillosa y tierna “El Fantástico Mr Fox” y ahora es Spike Jonze el que estrena con gran éxito de taquilla “Donde Viven los Monstruos”.El director de “Como Ser John Malkovich” es perfecto para crear la atmósfera onírica necesaria para la película. Lo más fascinante de la película es el inusual retrato que hace de la infancia: un mundo sin orden ni lógica y sobre todo donde la ira y la agresividad conviven con la necesidad de afecto y con el candor. Tan real como la imaginación del niño protagonista, y sin mensajes edificantes para la familia, como un chaval la hubiera imaginado. La película es perturbadora y a la vez mágica, es un retrato de la alegría de vivir y de su inherente reverso tenebroso.
Spike Jonze ha escogido como siempre el camino menos obvio y el más artesanal para dar vida al cuento. Los Monstruos son muñecos con un señor dentro, al estilo Espinete y Don Pinpón, pero resultan conmovedores. El estilo de cámara en mano y la música típica de cine independiente hace que aumentar la sensación de que no es una película infantil, sino una obra excepcional y distinta. Esto es también la única interrogante de la película… saber si es realmente una película infantil o una película sobre la infancia.
Las dos obras, adaptaciones de inadaptables libros famosos (en este caso es la obra mítica de Maurice Sendak) confirman sin duda que hay otro cine infantil posible y deseable.
Zac Efron es junto con Ronbert Pattinson las estrellas cinematográficas juveniles del momento. Ladiferencia entre los dos es que Efron ha terminado con la saga que le tenía en el candelero (High School Musical de Disney) y ahora es su momento de renovarse o morir. Es decir de conseguir sobrevivir y crecer como actor o perderse para siempre como otro ídolo adolescente al olvido.
Efron cuenta con una belleza casi femenina como un jovencito Alain Delon o como Tyrone Power. Tyrone Power se quedó encasillado como galán relamido, y no parece que haya hueco para un actor así en el cine actual, pero en cambio Efron se podría convertir en un nuevo Delon, que consiguió con unas leves ojeras de trasnoche darle a su rostro angelical una doblez de maldad que hizo sus personajes irresistibles. Efron necesitaría un buen papel de villano o de sinvergüenza para saber si puede salir de la imagen de baboso de carpetas de colegialas.
De momento lo que ha hecho aparte de la saga de Disney es una película del mismo estilo “17 otra vez” y dos intentos de un cine de algo más calidad en “Hairspray” y “Orson Welles y Yo” de Richard Linklater. Su siguiente movimiento será clave.
Sin duda Luna Nueva cumple la regla de las segundas partes y otras secuelas: ha de ser más de todos los ingredientes que hicieron de la primera un gran éxito. Más romance, más vampiros maquillados con muy poca pericia, más vampiros peinados aún peor,pero sobre todo el ingrediente clave: más carnaza para las adolescentes que abarrotan las salas.
Esta ocasión en vez de ración triple del lánguido Edward Cullen encarnado por el apropiadísimo Robert Pattinson tenemos ración de esteroides y pectorales a cargo de los hombres-adolescentes lobo, que para más inri van medio desnudos. En un momento Bella se hace una heridita en la frente que sangra apenas una gota, para secársela, el hombre lobo que anda tras de ella, sin dudar un segundo se quita la camiseta dejando al descubierto horas de gimnasio. Tuve el privilegio de ver la cinta en un centro comercial a las 6 de la tarde, y en ese momento el público rompió en un sonado suspiro seguido de un atronador aplauso. A partir de ese momento pocos pectorales estarán cubiertos por una camiseta, y los aplausos y suspiros seguirán hasta el final.
Los creadores de la saga han descuidado mucho esta vez los diálogos (más cursis que en la anterior) y las escenas de acción (en alguna pelea se ve el fondo verde…) y se echa de menos más sentido del humor. Lo bueno es que la obra rezuma un irresistible encanto de Serie B, y por supuesto ¿quién se puede resistir a una historia de amor entre un adolescente vampiro atormentado y una adolescente humana más atormentada aún? Es pura dinamita.
Esta noche Disney estrena en Londres mundialmente una nueva versión del “Cuento de Navidad” (A Christmas Carol) de Charles Dickens. Es exactamente la enésima. Esta vez han unido fuerzas con Robert Zemeckis y su cruzada por la técnica de animación probada ya en Polar Express y en Beowulf (“performance capture” en la que actores reales son filmados y luego cubiertos por animación digital). La técnica ha avanzado y el resultado no es tan terrorífico como en Polar Express, pero aún resulta un tanto incómodo. Es difícil buscarle explicación, la verdad, a esta técnica ¿Cuál es la ventaja una vez que Pixar ha demostrado que se puede alcanzar todos los matices de una actuación con robots, ratas y juguetes?
Cuadra perfectamente este enfoque con la decisión de Disney de estrenar todas sus películas en 3D, ya que el performance capture es perfecto en tres dimensiones. La diferencia respecto a UP y a Bolt es que en este caso Zemeckis opta por filmar el Cuento de Navidad como una auténtica montaña rusa. En algunas ocasiones el efecto es apabullante, pero al utilizar el mismo recurso una y mil veces resulta cansino y mareante. Parece que su único interés es justificar que necesita la animación digital y no la acción real para poder hacer esas tomas circenses arriba, abajo y a través de los lugares más conocidos de Londres. Hubiera sido más apropiado centrarse en captar la sutil y clásica combinación Dickensiana de realismo social, fino humor y buenos sentimientos.
La imaginaría utilizada es en ocasiones maravillosa, como en el caso de los tres espíritus (especialmente el que hace de vela), Jim Carrey está apropiado pero el tercer intento de Zemeckis queda un tanto deslucido al darse uno cuenta que la versión protagonizada por el Pato Donald también para Disney es bastante mejor, y más imaginativa.
Quien quiera que tuviera la idea de juntar en una película el universo de Roald Dahl, con la imaginería y el talento de Wes Anderson se merece el cielo. The Fantastic Mr Fox es la última joya del creador de Los Tennenbaums, Academia Rushmore o Viaje a Dajeerling. Está rodada con marionetas con la técnica de stop motion, que le da ese toque retro entrañable tan característico de Anderson y tan apropiado para un cuento infantil. Anderson de hecho adapta la historia de Dahl, pero no renuncia a ninguna de sus características: su cuidada y excéntrica dirección artística retro, su troupe de actores habitual (además de George Clooney y Meryl Streep cuenta con los habituales Bill Murray, Owen Wilson y Jason Schwartzman) y el acompañamiento musical exquisito (tanto en la banda sonora de Alexandre Desplat como las canciones de los Rolling Stones o Beach Boys).
Parte de la crítica británica ha recibido con frialdad la película al ser una clara americanización de una historia muy querida y tenida por totalmente británica. Pero está claro que para Anderson se la llevara a su terreno ese cambio era lógico, y también es cierto que en España los libros de Dahl no son tan conocidos, y el sacrilegio no parece tanto. La película es probablemente para que todos los amantes del cine independiente lleven a sus hijos y que luego secretamente la revisen una y otra vez en dvd… Una joya y una gran noticia que Anderson nos traiga de nuevo una obra maestra al mismo nivel que Los Tennenbaums, ya que sus dos últimas películas eran ligeramente inferiores.
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