El otro día tuve la suerte (la mala suerte) de que me pusieran en un avión “27 Vestidos” (27 Dresses, 2008, Anne Fletcher). No pude evitar verla de cabo a rabo. No hubo ninguna sorpresa, es de ese tipo de películas que no hace falta que termine el trailer para saber todo lo que va a pasar e incluso recitar alguno de sus diálogos de memoria. Lo tiene todo, desde la prueba de vestidos con muecas y música de fondo, persecuciones con tacones, borrachera con canción en playback, rubias tontas, hasta el final feliz con boda

El subgénero de comedia romántica sobre bodas para chicas, es un género casi tan alienante como el subgénero masculino de películas de Charles Bronson o similares sobre venganzas a tiros. Son solo para iniciados, y son todas iguales. “27 vestidos” que proclama sin vergüenza alguna que es de los “creadores de el diablo viste de Prada” (vaya pedigrí) no es una excepción. Las comedias de Doris Day y Rock Hudson son sus precendentes marujiles más obvios, y hay que admitir que el subgénero tiene algunos ejemplos honrosos como “Cuatro bodas y un funeral” o “La boda de mi mejor amigo”.
La epidemia no acaba ahí. Se acaba de estrenar “La boda de mi novia” (Made of Honor) en los cines, en la que el “descarado” y atractivo Patrick Depsey es nombrado “dama de honor” de su mejor amiga. No hace falta decir nada más, ya nos la sabemos entera…
Ah, y por favor no quiero hablar de la versión cinematográfica de Sexo en Nueva York…
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