El quinto largometraje de Paul Thomas Anderson ha sido recibido por la crítica como una suerte de Ciudadano Kane de los pozos petrolíferos, aunque por su folletinesco título en español podría haber sido una continuación de la serie Dinastía, en la que había mucho petróleo y mucha codicia.
Ambiciosa y grandilocuente como Magnolia, la película supone un paso de gigante para su director ya que la Pozos de Ambición (There Will Be Blood, Paul Thomas Anderson 2007) contiene todas la virtudes de su poderosa filmografía anterior y ninguno de sus defectos (ya que no es ni histérica, ni dispersa, ni engañosamente innovadora). Como máximos aliados cuenta con un Daniel Day-Lewis brillante y desaforado, disfrutando como nunca en el que es sin duda el papel de su carrera y probablemente la mejor interpretación de los últimos años, y con Jonny Greenwood de Radiohead que aporta una banda sonora intensa y hermosa (que curiosamente quedó fuera de la selección para los Oscar por contener temas que habían sido grabados antes) Paul Thomas Anderson crea una verdadera obra maestra, que puede mirar cara a cara al cine clásico. Pozos de Ambición es sin duda uno de los acontecimientos cinematográficos del último lustro.

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