Patricia Neal, poco y buen cine

No se puede considerar que Patricia Neal haya sido nunca una estrella de primera fila, pero su limitada pero selecta filmografía y su apasionante vida la siguen manteniendo como una de las inolvidables del cine clásico.

 

Con personalidad y sensualidad a raudales saltó a la fama con un clásico imperecedero “El Manantial” (The Fountainhead, 1949, King Vidor) y su romance con el protagonista, Gary Cooper, casadísimo de aquellas, la puso en el ojo del huracán. Vapuleada por la prensa volvió sus ojos al teatro, por lo que el cine la perdió durante un tiempo.

 

En 1953 se casó con el escritor Roald Dahl, y los cinco hijos que tuvo con el en los siguientes años y un sin fin de enfermedades que la hasta dejaron paralizada impidieron que tuviera una carrera constante durante años. 

 

Volvió a destacar en el cine en “Un rostro en la multitud” (A Face In The Croad, 1957, Elia Kazan), en la archiconocida “Desayuno con diamantes” (Breakfast at Tifannys 1961, Blake Edwards) y finalmente en “Hud” (1963, Martin Ritt). Por el sensual papel que interpreta en esta última película (junto a Paul Newman) ganó el Óscar a la mejor actriz principal. Asunto extremamente curioso porque es quizás el ejemplo más claro de lo arbitraria que es a veces la clasificación entre actor principal y de reparto. Su papel es claramente secundario, y Melvin Douglas por la misma peli consiguió el premio al actor de reparto por un papel que objetivamente ocupa más minutos de metraje que el de la Neal.

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