La inmediata reacción ante esta peli es obvia: “¡Oh no! ¡Keira Knightley quiere ganar un oscar a toda costa!” Y probablemente sea cierto, y además el modo más fácil puede ser utilizar su pedigrí inglés y peluca en ristre interpretar a un personaje histórico en un drama de represión y miriñaque.
Lo cierto es que después de superar las iniciales reticencias ante el producto hay que reconocer que la película es buena, y que Keira ha aprendido mucho en los últimos años. Probablemente el papel de Georgiana, la poco convencional Duquesa de Devonshire durante el siglo XVIII, no haga que la Knighley se lleve al ansiado premio a casa pero es seguro que la crítica sabrá reconocer que es capaz de llevar la película sobre sus espaldas en un papel complejo y rico, aunque el duelo interpretativo con Ralph Fiennes aún le venga grande. Parece que sus mohines y risitas han quedado atrás.
La película pretende nadar entre dos aguas sin conseguirlo, por un lado quiere ser un retrato serio de la vida de la época y logra momentos de gran emoción (como el de la entrega del hijo); y por otro lado quiere atraer a las lectoras de las revistas del corazón con evidentes salidas de tono y con los esfuerzos de los directores artísticos por hacer las pelucas, vestuario y maquillaje del XVIII atractivos para el espectador de hoy.

nuevamente reitero la admiración que esprese en el antigourmet jajaj tienes una acidéz y una inteligencia en los planteamientos fuera de serie!
gracias!