A la prensa le encantan estas historias de ídolos caídos. Aunque no es cierto que todos los niños actores fracasen (en otro post recuperaremos triunfadores) y que acaben además corrompidos esta es la creencia popular. Vamos a repasar algunas de las estrellas infantiles que no llegaron a triunfar de mayores.
Shirley Temple. La mayor estrella infantil que ha habido nunca y la encarnación de todo lo más odioso de los niños prodigio: la cursilería. Shirley fue una de las mayores estrellas de los años treinta y hasta ganó un oscar honorífico pequeñito por su contribución a la industria. El público de los cuarenta ignoró en cambio su paso de niña cursi a adolescente cursi y la Temple abandonó el cine por una exitosa carrera diplomática.

Macaulay Culkin. Culkin es después de Shirley Temple la mayor estrella infantil del cine, y aunque aún tiene un montón de años por delante para volver a aparecer en el cine, hoy en día es un “has been” que se empeña en decir al mundo que ha crecido y que es muy malote. Pero la estrella de “Solo en Casa” no da pie con bola, ni siquiera ha triunfado como figura de la prensa del corazón como Lindsay Lohan o Tatum O’Neal otras prematuras “has been”. La culpa es seguramente de Michael Jackson…

Freddie Bartholomew. De esta lista probablemente Freddie Bartholomew sea el que tiene una filmografía más destacada ya que protagonizó un clásico inolvidable: “Capitanes Intrépidos” (Capitains Corageous, 1937 Victor Flemming) y participó en varias películas estimables como “Anna Karenina”, “David Copperfield” y “El Pequeño Lord”. Estuvo férreamente encasillado como niño pijo inglés repelente que al final de la película se derrite, y abandonó el cine tras fracasar como actor adolescente para trabajar en el mundo de la publicidad.

Haley Joel Osment. Quizás aún es pronto para meter al niño de “El Sexto Sentido” en esta lista, pero lo cierto es que desde Inteligencia Artificial (A.I., 2001, Steven Spielberg) ha desaparecido del mapa. Y no es que no lo haya intentando, pero sus arrestos por conducir borracho y demás monerías de chico problemático no hacen presagiar nada bueno para quien se prometía el mejor actor de la siguiente generación. En este caso el problema es que “en ocasiones ve muertos”.
Margaret O’Brien. Al parecer para que llorara en “Cita en San Luis” (Meet Me in St Louis, 1939) Vicente Minelli le susurraba al oído que tenía a su perrito encerrado y que lo iban a matar. Lo que sufrían estos pobres niños antes de la época de la corrección política. “Jane Eyre” y “Mujercitas” fueron otros de los éxitos de su carrera, siempre en la vena lacrimógena. Nunca abandonó la actuación, aunque la fama la abandonara. La tele y los documentales sobre cine han sido su trabajo desde entonces, y aún está en activo.

Tatum O’Neal. La hija de Ryan O’Neal sigue siendo el intérprete más joven que ha ganado un oscar competitivo (los de Shirley Temple o Margaret O’Brien eran especiales) por su interpretación en “Luna de Papel” (Paper Moon, 1973, Peter Bodganovich). Poco siguió a este papel en términos cinematográficos pero muchas cosas pasaban en su vida personal si hacemos caso a su autobiografía en la que describe aquellos años llenos de alcohol, drogas y sexo cuando aún no había cumplido los catorce. Últimamente trabaja en la televisión pero nunca ha llegado a ser más que una estrella de las revistas del corazón.

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