Para la versión española escogemos dos de “si te he visto no me acuerdo” y dos que pasaron de estrella infantil a adulta con éxito.
Lolo García. Saltó a la fama con 7 años al ser fue seleccionado por Antonio Mercero para interpretar al pequeño Quico en “La guerra de papá”. El film fue una adaptación de la novela de “El príncipe destronado” de Miguel Delibes. Su naturalidad y desparpajo (aunque estaba doblado) le lanzaron al estrellato y su pelo marcó toda una generación. Después crearon a su medida “Tobi” la del niño con alas, y tras otros intentos abandonó el cine para ser un chaval normal y terminar estudiando económicas.
Joselito. El “pequeño ruiseñor” es probablemente el caso más típico de estrella caída. No importa cuantas veces intentara volver al mundo del espectáculo que el público nunca quiso verle de otro modo que de niño canoro. Aunque el estudio decía que tenía 9 en realidad ya tenía 13 años cuando protagonizó la película que le llevó a la fama. Fue famosísimo en México y en Francia en los 50 pero cuando en los 60 le cambió la voz, el público le dio la espalda. Lo que sigue es quizás la historia más rocambolesca de todos los niños prodigio del cine: fue mercenario de guerra y fue detenido por la policía de Angola por tráfico de drogas y armas.
Marisol. Marisol junto con la “Más bonita que ninguna”, Rocío Dúrcal, fueron las caras más alegres y pizpiretas del cine español de los sesenta. Un “cine de barrio” cursi denostado por algunos y adorado por otros amantes del kistch. Incluyo a Marisol en esta crónica en vez de a Rocío (a la que prefiero mil veces por su etapa ye-ye) ya que Rocío debutó con 18 años, y Pepa con 13. Pero lo cierto es que ambas pasaron con éxito (aunque no sin dificultades) a adultas en el cine y a la música. Rocío como adolescente y luego actriz del destape; y Pepa como actriz de corta carrera y gran prestigio y como ideóloga pesada.
Juan José Ballesta. “El Bola” quizás es el caso más reciente de estrella infantil que pasa a actor joven de prestigio. El problema es que su impresionante naturalidad como chico de barrio en “El Bola” (2000, Achero Mañas) hizo que se encasillara en papeles de adolescente problemático de barrio. Un encasillamiento del que aún está por salir. Aunque estoy convencido de que será con éxito.




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