Prototipo de chuleta de barrio Jean Paul Belmondo es un imprescindible del cine europeo. Aunque luego se estropearía bastante y llegaría a ser conocido como “el hombre más feo del cine francés”, de jovencito tenía una fotogenia similar a la de Steve McQueen y un magnetismo poderoso.
Comenzó como un imprescindible de la Nouvelle Vague, para Jean Luc Goddard encarnaba perfectamente esos personajes ligeramente caricaturescos basados en las películas de americanas de cine negro que tanto gustaba incluir en sus películas. Es el tipo de personaje que encarna en “Al final de la escapada” (A Bout de Souffle) y en “Pierrot el Loco” (Pierrot Le Feu).
Trabajó con todos los grandes del cine francés como Malle, Truffaut o Chabrol, y con algunos europeos como De Sica (en “Dos Mujeres”) en los 60 y 70. Curiosamente se resistió al cine americano (o el cine americano se resistió a él) y pero la última parte de su carrera se ha especializado en comedias y películas de acción a la francesa imitando claramente los modelos americanos.
Muchos le tenemos grabado en la mente más ídolo de cine de sesión continua en cutrísimas películas acción encarnado al machote socarrón y descubrirle en los filmes de Godard emparejado con las bellísimas Jean Seberg o Anna Karina es una auténtica delicia. Un Burt Lancaster al estilo francés.
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