Una nueva obra de arte con mayúsculas ha vuelto a salir de los laboratorios de Pixar, que parece que están bajo un hechizo sobrenatural que no les permite otra cosa que entregar a los amantes del cine cada año una obra maestra cada vez mayor. Comparte con Wall-e el mismo espíritu, es una obra completamente original que contando su argumento en dos líneas parece imposible que alguien haya convencido a Disney para producirla.
Si en Wall-e las referencias eran Chaplin y Buster Keaton, en “UP” son “El Mago de Oz”, Julio Verne, Max Ernst y René Magritte entre otros. También tiene otros guiños cinéfilos, el más obvio es el parecido entre el protagonista y el Spencer Tracy de “Adivina quien viene esta noche” y el del malo con Kirk Douglas. La película está teñida por nostalgia y la historia de amor contada en los 10 primeros minutos es tan emotiva como el flashback de “Casablanca”.
Al igual que Wall-e consigue contentar a todos, ya que es técnicamente apabullante, el uso de las tres dimensiones es fantástico sin ser circense, los niños tienen sus dosis de humor, ternura y de terror; tienen sus personajes bobos, graciosos, persecuciones y por supuesto un final feliz. Los mayores se verán cautivados por su mensaje sobre el paso del tiempo, sobre el amor, sobre los proyectos no realizados, sobre la pérdida de los seres queridos, sobre volver a empezar.
¿Algún defecto?… Pues quizás como Wall-e la primera parte es tan apabullante que hace deslucir un tanto la segunda parte. Y que las dos películas que conviven en ella no siempre armonizan en tono y mensaje.
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