Si hay alguien a quien no le importa el encasillamiento ese es sin duda Vincent Cassel. El encasillamiento como villano, macarra y/o sádico es más en sus papeles en inglés (siempre le tocan papeles dignos del primer Richard Widmark) como en Promesas del Este (Eastern Promises, 2007, David Cronemberg), Sin Control (Derailed, 2006) con Jennifer Aniston o la segunda y tercera parte de Ocean’s Eleven.
En Francia es una estrella de primer orden sobre todo por la obra imprescindible (aunque discutible) de Mathieu Kassovitz “El Odio” (La Haine, 1995).Película de gran influencia en todo el cine reciente en la que Cassel luce su repertorio de violento macarra barriobajero. Otras películas destacadas son“Los Ríos de Color Púrpura” tambien de Kassovitz,“El Pacto de los Lobos” o la polémica “Irreversible” emparejado con su mujer, ni más ni menos que Mónica Bellucci. Casarse con la Bellucci desde luego que no ayuda a que tenga menos imagen de macarra o villano, pero hace que sea más obvio su atractivo de chico malo. Cassel es un sex symbol a su estilo.
Ahora se va estrenar mundialmente la película francesa del año, la premiada Mesrine. En ella Cassel interpreta al protagonista, a saber de un famoso ladrón, contrabandista y asesino francés de los 60 y 70. Es decir no podía ser otro más que él y ya ha ganado un Premio César por esa interpretación.
El otro día vi Æon Flux, no la conocía de nada, pero me enganché al ver a Charlize Theron de morena vestida de plástico negro, exactamente igual que la definitiva Kate Beckinsale en la espantosa e irresistible serie Underworld. Era imposible no ver la peli.
Ahora me entero que es una versión de una serie de animación de ciencia ficción, clonaciones varias y luchas futuras, en la que Æon Flux es una asesina que trata de salvar el mundo, como no podía ser de otro modo. Leo por ahí alguna crítica y todas las ponen a caldo, y no me extraña, todo es confuso, pero ahí quizá está su valor. Es difícil crear teorías y filosofías futuristas sin caer en el ridículo. Es mejor es dejarlo todo abierto como en 2001 que intentar hacer Blade Runner a cada momento.
Pero lo que más me gustó de la peli, además del pijama de vértigo que se marca la Theron y que adorna este post- es toda la arquitectura que sale, esos edificios orgánicos de hormigón (el centro veterinario de Berlín Tierheim), jardines alucinados (es el Volkspark de Potsdam), y, como no podía ser de otro modo, vanguardia y racionalismo por todos lados (el Bauhaus Museum es la casa de Charlize), además de algún ejemplo del incomparable barroco alemán. Todos esos edificios, fríos, congelados, y todos los actores de negro y azul marino con Charlize dando patadas a diestro y siniestro.
Los estudios Disney-Pixar están apostando fuerte por las 3 dimensiones esta temporada. “Bolt” abrió fuego, y ahora “UP” y “G-Force” consolidan la tendencia. El cine en 3D es una vieja herramienta del cine para luchar contra la televisión. Cuando el cine en casa se hace más y más importante los estudios siempre buscan alternativas para ofrecer algo en un teatro que una tele no puede ofrecer.
Desde los primeros tiempos del cine se empezó a experimentar con las 3 dimensiones, en 1922 se estrenó la primera película en 3D y desde entonces han llegado varias oleadas de estrenos. En 1953, “Man in the Dark” una de cine negro fantástico con escenas en parque de atracciones incluido, y sobre todo “Los crímenes del Museo de Cera” consolidaron con gran éxito la técnica. El éxito de la última coronó a Vincent Price como rey del 3D y al terror de serie B como el género más adecuado para el experimento.
Más tarde en 1954 Hitchcock intentaría con “Crimen Perfecto” (Dial M for Murder) llevar al sistema al cine más serio… pero el público y sobre todo los exhibidores perdieron el interés. Ahora desde el éxito de los cines IMAX, y el primer experimento de “Polar Express” Disney parece empeñada en imponer de nuevo la moda de las gafas de colores, y ya anunciado que todas las películas de Disney-Pixar serán lanzadas en esta técnica. Otros estudios también lo están intentando (Coraline es en 3D) y se han anunciado otras.
G-Force no es de dibujos animados, sino de acción real. Cuatro cobayas que hablan son agentes especiales del FBI que intentan salvar al mundo. Las tres dimensiones subrayan las escenas de acción y los espectaculares efectos especiales sin ser una continua montaña rusa como las pelis del IMAX, y las gafas le dan al cine esa “experiencia” distinta a ver la tele. Por supuesto que es cine familiar de Disney de toda la vida… es decir perfecta para la tele un domingo por la tarde, pero perdiéndose las 3D, claro. Por cierto, Penélope Cruz da voz a la sexy cobaya hispana.
Es curioso que muchas veces las visiones extremas y humorísticas sean las que mejor reflejan algo, un poco como hizo Lubitsch y su Ser o no ser con el nazismo, salvando las distancias, claro, hizo Linklater hace pocos años con el mundo del rock. Escuela de rock es la mejor visión del rock que se ha hecho en la historia del cine, y ya ha pasado a formar parte del grupo de películas, con Fuga de Alcatraz o La gran evasión, que, las pongan las veces que las pongan en la televisión, siempre las veo y siempre las disfruto, a pesar de lo excesivo a veces de Jack Black y, sobre todo, del repelente doblaje de Dani Martín, de El canto del loco.
Lo siento mucho por Nick Hornby y su Alta fidelidad, pero Escuela de rock le da mil vueltas. Que la pongan por la tele todos los sábados después de comer, por favor.
Este verano estoy descubriendo el montón de curiosidades sobre el cine clásico que hay por You Tube. El otro día encontré un usuario que ha colgado todo tipo de canciones de películas en las que los actores cantan con su propia voz (de ahí el post anterior) y entre ellas hay un video genial: todos los efectos especiales de La Fiera de mi Niña (Bringing Up Baby, 1938, Howard Hawks) analizados y estudiados uno por uno.
Obviamente Cary Grant y Katharine Hepburn compartieron en muy pocas escenas el decorado con el leopardo Baby. Evidentes motivos de seguridad lo impidieron. El equipo de efectos especiales de Howard Hawks creó simples y sutiles efectos especiales (transparencias, pantallas partidas, muñecos) para que Grant y Hepburn pudieran recitar sus desternillantes diálogos y hacer todas sus persecuciones y caídas propias del género con total seguridad.
Me encanta, porque no estamos acostumbrados a ver documentales tipo”Como se hizo” del cine clásico.
Así se llamaba la autobiografía escrita por Ava Gardner, la diosa de la pantalla, debido a que era tan independiente y rebelde que parecía que siempre hablaba con su propia voz. No siempre en cambio sucedió así, ya que cuando le tocaba cantar en el cine la solían doblar. Buceando en You Tube he encontrado varios ejemplos en los que la voz y la imagen no casan, y los extras de dvd nos permiten el privilegio de ver estas canciones con voces menos perfectas pero más auténticas.
Ava Gardner en Magnolia (Showboat) cantando la mítica “Can’t Help Lovin’ That Man” de Jerome Kern
Natalie Wood en West Side Story canta “I Feel Pretty” con una voz no tan de opereta como la que quedó en la película. Leonard Bersntein compuso esta canción y el perfeccionista Jerome Robbins hizo doblar a todos los actores incluidos Rita Moreno y George Chakiris.
Audrey Hepburn grabó dos canciones de Lerner y Lowe en “My Fair Lady” como mejor supo, y Marnie Nixon la dobló inmediatamente. Era una partitura complicadísima. En este caso vemos “I Could Have Danced All Night”
Finalmente una curiosidad, Debbie Reynolds tampoco cantaba en “Cantando bajo la lluvia” de Stanley Donen y curiosamente interpretaba a una cantante que doblaba en los musicales a actrices que no daban la talla como cantante.
Acabo de ver en la edición especial de dvd de la mítica “Rebelde sin Causa” de Nicholas Ray. Película que elevó a los altares a James Dean y a Natalie Wood. La película sigue siendo fantástica como tragedia juvenil y su uso de las localizaciones es totalmente magistral, sobre todo del operístico Observatorio del Griffith Park situado en las colinas de Hollywood. Tuve la ocasión de visitarlo hace bien poco y está igual, respirando mitología por los cuatro costados. Como me hubiera gustado ver a todo el mundo vestido como en los 50.
Como curiosidad el dvd incluye el macabro (por lo que pasaría unos meses después) y curiosísimo especial televisivo en el que el inefable Gig Young entrevista a James Dean para publicitar “Rebelde” y además para darnos unos consejos para que no corramos en la carretera “la vida que salves puede ser la mía” llega a decir el malogrado Dean.
El dvd contiene también pruebas de vestuario y otras escenas rodadas como estaba previsto en principio: en blanco y negro. Un drama urbano violento reclamaba blanco y negro. Hubiera sido un film totalmente distinto, Nicholas Ray se vió obligado a usar color por el Cinemascope y lo hizo de un modo magistral. Dean de rojo y Wood de verde llenan la pantalla de frustraciones y de emociones.
Con la libertad desapareció el blanco y negro. De pequeñajo vi cientos de películas en blanco y negro por la tele, todo lo que me gusta de cine lo vi en esos años, ya que en el cine de ahora una película al año merece la pena, como mucho. Cuando llegó la libertad en la televisión y éstas decretaron el fin del cine en blanco y negro para poner cada dos meses Arma letal, llegando incluso a colorear las películas -como se había hecho en los años veinte-, me refugié a veces en la Filmoteca, pero no mucho, más en los cines de versión original. Luego llegaron los vídeos y, sobre todo, los devedés, que volvieron a traernos las viejas pelis, las buenas pelis, a veces, casi siempre, a un precio desorbitado, pero ahí estaban.
Ahora que, además de libros y discos, estoy enterrado en películas, de nuevo la libertad nos devuelve en cine en blanco y negro. La TDT, que es una estafa porque no es interactiva como nos cuentan, como nos mienten, ha traído, en cambio, cine en blanco y negro, donde, en Madrid, destaca el canal 8 Madrid, con una programación exquisita y sin anuncios, donde he visto últimamente alguna joya de Nicholas Ray que no conocía, y otras maravillas que me reafirman en que el cine fue un arte del siglo XX.
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