Archivo del Autor de Bronwyn

Theda Bara y los esqueletos

Se podrían elegir decenas de fotos fascinantes de Theda Bara, casi todas con pinta de pasada de rosca, unas poniendo cara de asustar, o con un sujetador de paja, haciendo de crucificada o vestida de obispo, pero sin duda la sesión más impactante que tiene es una en la que sale haciendo diferentes poses con un esqueleto.

Actriz gótica donde las haya, vampiresa imposible, no he conseguido averiguar para qué se hizo esta sesión con un esqueleto, grandes vanitas o mejor, memento mori, de la época gloriosa del cine, quizá anunciando su muerte a manos del -hoy en día también moribundo- cine sonoro.

Con solamente cuarenta y cuatro películas, la gran mayoría entre 1915 y 1919, es una actriz tan olvidada como fascinante. Tan esquelética como sus acompañantes en estas fotos es lo que se puede ver hoy en día de su obra, solamente cuatro de las cuarenta y cuatro películas han llegado hasta nuestros días. Conformémonos con estas tres fotos.

Actualización, he encontrado otra imagen, esta última bastante cercana a la necrofilia:

Montaña rusa: Catástrofe del cine de catástrofes

Tras agotar las vaqueradas Telemadrid ha empezado a poner en las sobremesas películas de catástrofes, uno de los géneros más divertidos e incomprensibles de la historia del cine. Ayer le tocó el turno a Montaña rusa (Rollercoaster), una patochada en la que un lunático pone bombas en parques de atracciones.

La verdad es que dormitaba mientras veía la peli, pero no entendí casi nada, no se explica por qué el sicópata pone bombas en los parques de atracciones -vale, para chantajearlos, pero es demasiado lo que monta por todo Estados Unidos para pedir un par de millones de dólares-, ni por qué elige parques de tres dueños solamente, ni como se entera de que se reúnen en un hotel de Boston, no entendí por qué se empeña en meter en el ajo a George Segal que es un simple supervisor de atracciones, ni qué pinta la hija de Segal en la escena final.

Eso sí, sensorround como novedad con mogollón de escenas a bordo de los trenecitos de las montañas rusas (ver más abajo el tráiler), y genial el ver a todos los polis con unos superteléfonos móviles persiguiendo al malo por el parque, que imagino los vería a la legua, genial ver a Richard Widmark haciendo de poli borde, y toda la imaginería setentera. Son tan malas las pelis de catástrofes que son irresistibles.

El tráiler, como siempre, mejor que la peli:

Æon Flux y el delirio arquitectónico

Qué pasada de sobrasada.

Qué pasada de sobrasada.

El otro día vi Æon Flux, no la conocía de nada, pero me enganché al ver a Charlize Theron de morena vestida de plástico negro, exactamente igual que la definitiva Kate Beckinsale en la espantosa e irresistible serie Underworld. Era imposible no ver la peli.

Ahora me entero que es una versión de una serie de animación de ciencia ficción, clonaciones varias y luchas futuras, en la que Æon Flux es una asesina que trata de salvar el mundo, como no podía ser de otro modo. Leo por ahí alguna crítica y todas las ponen a caldo, y no me extraña, todo es confuso, pero ahí quizá está su valor. Es difícil crear teorías y filosofías futuristas sin caer en el ridículo. Es mejor es dejarlo todo abierto como en 2001 que intentar hacer Blade Runner a cada momento.

Pero lo que más me gustó de la peli, además del pijama de vértigo que se marca la Theron y que adorna este post- es toda la arquitectura que sale, esos edificios orgánicos de hormigón (el centro veterinario de Berlín Tierheim), jardines alucinados (es el Volkspark de Potsdam), y, como no podía ser de otro modo, vanguardia y racionalismo por todos lados (el Bauhaus Museum es la casa de Charlize), además de algún ejemplo del incomparable barroco alemán. Todos esos edificios, fríos, congelados, y todos los actores de negro y azul marino con Charlize dando patadas a diestro y siniestro.

El tráiler:

¡Viva Escuela de rock!

Es curioso que muchas veces las visiones extremas y humorísticas sean las que mejor reflejan algo, un poco como hizo Lubitsch y su Ser o no ser con el nazismo, salvando las distancias, claro, hizo Linklater hace pocos años con el mundo del rock. Escuela de rock es la mejor visión del rock que se ha hecho en la historia del cine, y ya ha pasado a formar parte del grupo de películas, con Fuga de Alcatraz o La gran evasión, que, las pongan las veces que las pongan en la televisión, siempre las veo y siempre las disfruto, a pesar de lo excesivo a veces de Jack Black y, sobre todo, del repelente doblaje de Dani Martín, de El canto del loco.

Lo siento mucho por Nick Hornby y su Alta fidelidad, pero Escuela de rock le da mil vueltas. Que la pongan por la tele todos los sábados después de comer, por favor.

La desaparición del cine en blanco y negro

Con la libertad desapareció el blanco y negro. De pequeñajo vi cientos de películas en blanco y negro por la tele, todo lo que me gusta de cine lo vi en esos años, ya que en el cine de ahora una película al año merece la pena, como mucho. Cuando llegó la libertad en la televisión y éstas decretaron el fin del cine en blanco y negro para poner cada dos meses Arma letal, llegando incluso a colorear las películas -como se había hecho en los años veinte-, me refugié a veces en la Filmoteca, pero no mucho, más en los cines de versión original. Luego llegaron los vídeos y, sobre todo, los devedés, que volvieron a traernos las viejas pelis, las buenas pelis, a veces, casi siempre, a un precio desorbitado, pero ahí estaban.

Ahora que, además de libros y discos, estoy enterrado en películas, de nuevo la libertad nos devuelve en cine en blanco y negro. La TDT, que es una estafa porque no es interactiva  como nos cuentan, como nos mienten, ha traído, en cambio, cine en blanco y negro, donde, en Madrid, destaca el canal 8 Madrid, con una programación exquisita y sin anuncios, donde he visto últimamente alguna joya de Nicholas Ray que no conocía, y otras maravillas que me reafirman en que el cine fue un arte del siglo XX.

Jeanne Moreau, gran cantante

Jeanne Moreau, con las mejores ojeras de la Creación, tiene una canción que me fascina, Le Tourbillon, canción que canta en “Jules et Jim”, película maravillosa que acabo de recomendar en Partigi, y donde la Moreau sale más guapa imposible cantando eso de:

Elle avait des yeux, des yeux d’opale,
Qui me fascinaient, qui me fascinaient.
Y avait l’ovale de son visage pâle
De femme fatale qui m’fut fatale.

On s’est connus, on s’est reconnus,
On s’est perdus de vue, on s’est r’perdus d’vue
On s’est retrouvés, on s’est réchauffés,
Puis on s’est séparés.

Tengo luego por ahí un ep del año 1964, con canciones, como Le Tourbillon, de Cyrus Bassiak, que tiene joyas como Embrasse moi o La vie de cocagne, y que lleva ya varios años de cuerpo presente en una de los estantes de mi biblioteca, compartiendo presencia delante de los libros con una vieja edición de Jusep Torres Campalans y Jimmy Corrigan, en la que la Moreau sale mordiéndose una uña mientras fuma. Nunca nadie ha hecho más por el consumo de tabaco que portadas como esta. Nadie ha fumado como ella.

El Cebo, mentes criminales

El otro día en 8 Madrid, el único canal de toda la televisión que pone cine (hay otros que ponen películas, pero no cine) en España, puso El cebo, obra maestra de Ladislao Vajda, autor de joyitas como Un ángel pasó por Brooklyn o Marcelino pan y vino, que en 1958 hizo esta película de asesinos en serie.

La película es rara, expresionista, llena de bosques, una carretera encajada entre las montañas suizas, misteriosa, lo que la hace parecida a La noche del cazador (donde la carretera de aquí en la que se pasea el asesino sería el río de allá donde los niños huyen). El policía, un repelente imitador de Alan Ladd, es un personaje tan obseso como H. que hace de CSI Miami una serie tan incómoda de ver, aunque en el fondo en vez de en CSI debería estar en Mentes criminales. También tiene la película otro poco de M.

Ya no se hacen películas como esta, ahora saldrían todas las niñas destripadas. Fue un gran placer ver esta película de nuevo. Ahí va la escena cumbre, en la que el asesino se aparece a su víctima:

Control: Ian Curtis en plan Alfredo Landa

Ayer me pasé por la tarde a ver “Control”, el biopic de Ian Curtis. Me gustó bastante la peli, tengo los discos de Joy Division, pero nunca me había preocupado de seguir la pista de la vida de Ian Curtis. Sabía que tenía una esposa que luego escribió libros sobre él (libro que siempre he tenido en mi lista), y que se colgó en la cocina de su casa (lo sé, claro, por la canción de Los Planetas), y poco más.

Mitificado como todos los muertos del rocanrol, en su caso, al menos, tiene una soberbia colección de canciones de la que presumir. Porque su vida, según la película, no lo es tanto, un chico normal, enfermo, imitador de Leonardo Dantés en sus bailes, que descolla en la caspa punk por su voz, sus alucinadas y depresivas letras, y sobre todo por su perfecta conjunción con el resto del grupo, creando un sonido inolvidable (las reconstrucciones de las actuaciones del grupo, con los actores tocando en directo, me parecen soberbias).

La película, escrita por su viuda, para no caer en suciedades, que las habría, se centra en sus dudas amorosas, y ahí la película se convierte en una película más del landismo, donde el becerro español -en este caso inglés- sale al extranjero, queda deslumbrado por la belleza y ligereza de una francesa (siempre la tentación es francesa, y siempre es mentira, porque siempre es belga, como Tintin o Brel), se enamorisca, y al final siempre vuelve al pueblo donde la espera su choni con los rulos puestos. La historia de siempre. Luego, las dudas, el arrepentimiento, las pastillas, el miedo a la gira americana, y lo que ya sabemos.

Todo por no tener la lucidez de Bambino, mil veces más punk que todos los granudos del Hate y del No Future, que sabía muy bien qué hacer y lo cantó a grito pelado en Corazón loco:

Aquí va mi explicación,
a mí me llaman sin razón, corazón loco,
una es el amor sagrado,
compañera de mi vida,
esposa y madre a la vez,
y la otra es el amor prohibido,
complemento de mi alma,
y a quien no renunciaré,
y ahora ya puedes saber,
cómo se pueden querer,
dos mujeres a la vez, y no estar loco.

21 Blackjack, la partidita

Quizá Las Vegas es la segunda ciudad más fotogénica (cinematográfica) de Estados Unidos, tras Nueva York, sobre todo tras el devastador paso de Grissom y su tropa por allí. En tercera posición, San Francisco.

La ciudad rodeada de desierto es la protagonistas de 21 Blackjack, película sobre casinos, como todas las que se desarrollan en esa ciudad. Esta vez son unos repipis alumnos del MIT que necesitan pagar las astronómicas matrículas y azuzados por Kevin Spacey (¡¡Kevin, qué haces en esta peli y encima produciéndola!!) se van de Boston a Las Vegas para demostrar sus habilidades con las matemáticas, jugando en grupo, contando las cartas -algo perseguido por los casinos- y ganando con sus análisis estadísticos y matemáticos. Hasta que se pasan de la raya y Laurence Fishburne, que también, como Kevin, se pasea por ahí, que es el jefe de seguridad del casino, les persigue.

Los chicos son guapos y jóvenes, y son lo mejor de la película. El resto, esteticismo lleno de tediosas escenas de partidas de blackjack, pero entretenida para ver una tarde en vídeo en casa, o en el tren a Sebastopol.

Ahí va el tráiler:

Por cierto yo la vi alquilándola en Pixbox por 3,00€ (en realidad te descargas la película y cuando la empiezas tienes 48 horas para terminarla o verla varias veces). Quería probarlo, y la verdad es que la velocidad y la calidad resultaron bastante buenas. Se puede alquilar aquí.

El manantial o el individualismo

Llevaba mucho tiempo queriendo ver esta peli. Hace un par de años leí El manantial, la clásica novela de Ayn Rand y la película del libro era uno de mis objetivos, y esta Navidad la encontró mi hermano y me la compré.

La película gira alrededor de Howard Roark, arquitecto individualista radical, un personaje tan íntegro como a veces exagerado, pero siempre magnético. Gary Cooper fue el elegido y es una de las polémicas sobre la película, ¿estuvo bien la elección? A veces parece que no entiende nada de lo que hace Roark, ni en el -un poco largo- discurso final parece entregarse. Siempre parece que está actuando y que en realidad él era John Doe, no Howard Roark. ¿Qué actor podría haber hecho tan mítico papel? ¿Quizá una mezcla entre Clark Gable y Sterling Hayden?

La película es buena, porque King Vidor era bueno, y porque el nivel del cine en esa época era soberbio. A veces parece, como en casi todas las adaptaciones de novelones, que pasa todo demasiado atropelladamente, y que Patricia Neal -de la que hablamos otro día en estas mismas páginas- hace las cosas a tontas y a locas, y que el sufrimiento del genial Raymond Massey es gratuito, pero la historia de Roark contra el mundo es tan fabulosa y atractiva, y algunas escenas son tan maravillosas que vale la pena ver la película (aunque no presumas de liberal).

La otra gran novela de Rand, La rebelión de Atlas, parece ser que la va a hacer ¡¡¡Angelina Jolie!!! No habría pensado, pero haría una fantástica Danny Taggart. Habrá que esperar a 2011, pero gran punto a favor de la Jolie.

Veamos el trailer original: