Es algo muy normal en el cine y en el teatro que la edad de los actores no concuerde con la edad supuesta del personaje. No suele ser un gran problema, ya que con un poco de maquillaje y peluquería todo se resuelve. Pero es cierto que en ocasiones la diferencia de edad es demasiado grande para disimular esto y se crean situaciones un tanto grotescas. Hay actores (y actrices sobre todo) que parecen no tener edad y así Audrey Hepburn en “My Fair Lady”, Natalie Wood en “West Side Story” y Olivia-Newton John en “Grease” interpretan sin problema superada la treintena a adolescentes.
Vamos a repasar 5 casos en los que no se pudo disimular… Los nominados al premio a “Demasiado viejo para mi papel” son:
1) Leslie Howard con 43 y Norma Shearer con 34 por los adolescentes de “Romeo y Julieta” (1936, George Cukor)

2) Greer Garson con 36 primaveras interpretando a la también adolescente Elizabeth Bennet en la versión de “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen en 1940 
3) Ingrid Berman como la doncella de Orleans en “Juana de Arco” (1949, Victor Fleming). Una adolescente de 45 tacos.

4) June Alyson tenía 32 cuando interpreto a otro personaje literario adolescente la Jo de ”Mujercitas”

5) La ganadora siempre tiene que ser Faye Dunaway, por el glorioso papel en “Cámara Sellada” (1996) en la que hace de hija de Gene Hackman. Hay 2 lustros oficiales solo de diferencia entre ellos. Pero no cuela.

Viendo el otro día la, por otro lado magnífica, “Elegy” de Isabel Coixet me acordé de cuantas películas la protagonista decide llevar un pelucón por no querer o apetecer cortarse el pelo para toda una película o para determinada parte. Lo entiendo, pero es que a veces canta la traviata.
Empezando con Pé (que por cierto lleva dos pelucas en la peli), vamos a dar un repaso a 5 pelucas de cine que se me ocurren ahora a bote pronto. Los nominados son:
Penélope Cruz por “Elegy”, (solo encuentro foto de la del flequillo)

Nicole Kidman en “Reencarnación” (mucho peor que la que usó en Los Otros)

Nicholas Cage en toda su filmografía (en la foto en Weather Man)

Marilyn Monroe en “Vidas Rebeldes”

Y la ganadora es la inefable Rocío Durcal por “Más Bonita Que Ninguna”

Revisando recientemente “La última vez que vi París” (The Last Time I saw Paris, 1954, Richard Brooks) la más bien convencional adaptación de la novela corta “Babylon Revisited” de Scott Fiztgerald (desconozco si está traducida al castellano) me di cuenta que uno de los principales problemas de la película tenía muy dificil explicación. ¿Por qué se había decidido trasladar la acción de los años 20 a los 50?
Aunque confieso que no he leído la novela, es obvio por lo que sucede en la película que la acción comienza con el crack la bolsa del 29 y que luego en flash-back describe los locos y libertinos años veinte que vivieron un grupo de americanos en París. La película en cambio comienza con la liberación del París al final de la segunda guerra mundial, y luego describe fiestas y bacanales totalmente anacrónicas en la postguerra. Para camuflar el crack de la bolsa fingen que los pozos de petrolíferos de la familia se secan.
Todo un despropósito que no puede tener origen en falta de presupuesto, ya que tiene muchos exteriores en París y el dinero se ve. La única explicación que he podido encontrar es que la productora se negó a prestar a la Taylor mega-estrella de la época para que fuera vestida años veinte y necesitaban que luciera modelos sin fin para que las señoras de la época fueran al cine en masa. Por cierto que mala elección es Van Johson.
Buscando por internet cosas de esta peli he descubierto la razón por la que algunos periódicos regalan tantas películas antiguas en ediciones lamentables. Al parecer nadie ha renovado los derechos de autor de un montón de peliculas clásicas y ahora son de dominio público.
El otro día viendo al legendario Albert Finney en la magnífica “Antes que el Diablo sepa que has muerto” (Before the Devil knows you are dead, 2007, Sydney Lumet) me acordé de una anécdota bastante rara: Hace unos meses en un restaurante especializado en salchichas con puré de patata cerca del mercado londinense de Spitalfields nos pasaron junto con la cuenta un formulario para recoger firmas para pedir urgentemente un “Oscar” para Albert Finney.
Tras un momento de estupefacción por supuesto firmamos. Por si alguien quiere firmar el restaurante que apoya a Mr Finney es “Sausage & Mash” y está en Brushfield Street.
Si prospera sería el primer “Oscar” concedido por petición popular y no por las votaciones de los académicos. Desde luego no hay nadie que se merezca tanto el consabido premio como Mr Finney. Desde su debut en “Sábado noche, domingo mañana” típica película de Free-Cinema, hasta la citada obra maestra negrísima de Lumet, Mr Finney ha protagonizado clásicos como “Dos en la Carretera” (Two for the Road, 1965, Stanley Donen) “Tom Jones” (1963, Tony Richardson) o “Los Duelistas” (1977, Ridley Scott) o las más recientes “Muerte entre las Flores” (Miller’s Crossing, 1990, Joel Cohen) o Traffic (2000, Steven Soderbegh)
También ya tiene cuatro nominaciones a sus espaldas, así que ya toca. Todos a firmar.
“Servidumbre Humana” (On Human Bondage) de Somerset Maughan es una de mis novelas favoritas. Las andanzas de Phillip Carey entre Londres y París y su amargo y funesto enamoramiento de Mildred me parecen fascinantes. De todos es sabido que la transición de la literatura al cine es siempre polémica, pero todo hay que decir que quizás Somerset Maughan sea de los escritores más cinematográficos.
Ayer pude ver la versión rodada en 1934 por John Cromwell titulada en España “Cautivo del Deseo”. Es conocida porque fue la película que lanzó al estrellato a Bette Davis. La película se centra sobre todo en la relación entre Phillip y Mildred y deja de lado un montón de tramas y de material perfecto para una película. No se si por la impericia del director o porque el estudio pensaba que el público recién salido del cine mudo no podría entender una novela un tanto compleja la adaptación resulta ramplona. Por ejemplo, los insertos de Phillip durmiendo con visiones de Mildred acosándole parecen un tanto pedestres.
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Tras un comienzo esperanzador, las cifras publicadas sobre los primeros seis meses de 2008 no arrojan un panorama como cabía esperar. Los éxitos tempranos de “Los Crímenes de Oxford” (Alex de la Iglesia) y de la segunda parte de Mortadelo y Filemón (Miguel Bardem) presagiaban lo mejor.
Desde entonces solo una película ha atraído masivamente al público “Fuera de Carta” (Nacho G. Velilla) de que ha recaudado 7,6 millones de dólares. Actores conocidos y aires de varias series de televisión son los ingredientes de esta comedia “alocada” que no ha alocado tanto a la crítica.
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Que acertada es la comparación que hace blogdecine.com del personaje protagonista de Wall-E (2008, Andrew Stanton) con Charlie Chaplin. Un Charlot en su mejor momento (con bota vieja incluida) pero con la apariencia de Woody Allen, claro.
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La semana pasada se publicó en la prensa la feliz noticia de la aparición de una copia casi completa de Metrópolis (Fritz Lang, 1927). Los 25 minutos más de esta obra maestra hallados en Buenos Aires despiertan dos reflexiones sobre la conservación de ese arte llamado cine.
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Al hilo del elogio a Casey Affleck en el anterior post me ha venido a la mente una película que se relaciona técnicamente con “Adiós Pequeña Adiós” (Gone Baby Gone, 2007, Ben Affleck) por el uso de un polémico recurso cinematográfico: el flashback mentiroso.
La película en cuestión es “Pánico en la Escena” (Stage Fright, 1950, Alfred Hiitchcock) y es uno de los deliciosos filmes llamados “Hitchcock menores”. Mezcla de comedia de costumbres e intriga criminal como “La Sombra de una duda” (The Shadow of a Doubt) la película es célebre por utilizar un flashback falso al principio de la película.
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Esta es la pregunta que se hace todo el mundo tras ver “Adiós Princesa, Adiós” (Gone Baby Gone, 2007, Ben Affleck) o “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007, Andrew Dominik). Casey aporta a estos dos complejos y torturados personajes aplomo y verosimilitud.
En el mundo del cine desde 1995 (al menos su primer papel recordable en Todo por un Sueño de Gus Van Sant), sorprende que haya tardado 12 años en que alguien creyera en él como protagonista absoluto. Quizás haya tenido que superar obstáculos en los casting, como su (baja) estatura o su aspecto de chico de la puerta de al lado o ser el hermano del polémico y vapuleado (hasta bien poco) Benjamín Affleck.
En Hollywood le espera lo mejor y en España le aguarda probablemente el mismo triste destino que su hermano: que Corazón de Verano y similares se burlen de él cuando hable su esforzado español.
¿Ha nacido una estrella?