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Interpretar a una estrella

Se ha anunciado hace unas semanas que Anne Hathaway va a interpretar un biopic sobre la gran Judy Garland. Me parece una elección bastante acertada ya que ambas tienen fuerza, fragilidad y hasta un toque de desequilibrio. Al hilo de este atrevimiento vamos a repasar algunas de las ocasiones en las que alguien ha tenido el arrojo de emular la magia de una estrella. A veces con fortuna y a veces con muy poco acierto.

 

En el filme de Martin Scorsese “El Aviador” aparecían como personajes varias estrellas del cine clásico. Cate Blanchett es tan buena actriz que nos convenció que se parecía a Katharine Hepburn, aunque no era así. Los gestos y la voz hicieron el trabajo. No había desde luego mejor elección que Jude Law para encarnar a Errol Flynn. Ambos comparten una belleza clásica y el descaro de un espadachín. Sin embargo la guapa Kate Beckinsale lo tuvo muy difícil para emular a la mujer más bella del cine Ava Gardner. No salió triunfante.

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El reino de los dobles de estrellas es el biopic televisivo, y obviamente es en este campo en el que los resultados son más discretos, grotescos incluso. Jennifer Love-Hewitt osando imitar a Audrey Hepburn o Sherilyn Fenn fracasando estrepitosamente como sosías de Elizabeth Taylor son los peores casos. Y quizás el más logrado aunque también caricaturesco sea Faye Dunaway como Joan Crawford en el biopic-revancha “Queridísima Mamá”. Gracias a este telefilme sabemos lo malas que son las perchas de metal para la ropa.

 

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Otros que han querido interpretar a los mitos más queridos del cine son Mira Sorvino que se atrevió con Marilyn Monroe (definitivamente no hay nada más patético que una imitadora de Marilyn) y James Franco que lo hizo con el eterno rebelde James Dean (en este caso el parecido es bastante logrado).

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Para finalizar una pareja muy bien conseguida Robert Downey Jr y Diane Lane como Charles Chaplin y Paulette Godard en la biografía de lujo del cómico británico firmada por Richard Attenborough “Chaplin”.

 

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Control: Ian Curtis en plan Alfredo Landa

Ayer me pasé por la tarde a ver “Control”, el biopic de Ian Curtis. Me gustó bastante la peli, tengo los discos de Joy Division, pero nunca me había preocupado de seguir la pista de la vida de Ian Curtis. Sabía que tenía una esposa que luego escribió libros sobre él (libro que siempre he tenido en mi lista), y que se colgó en la cocina de su casa (lo sé, claro, por la canción de Los Planetas), y poco más.

Mitificado como todos los muertos del rocanrol, en su caso, al menos, tiene una soberbia colección de canciones de la que presumir. Porque su vida, según la película, no lo es tanto, un chico normal, enfermo, imitador de Leonardo Dantés en sus bailes, que descolla en la caspa punk por su voz, sus alucinadas y depresivas letras, y sobre todo por su perfecta conjunción con el resto del grupo, creando un sonido inolvidable (las reconstrucciones de las actuaciones del grupo, con los actores tocando en directo, me parecen soberbias).

La película, escrita por su viuda, para no caer en suciedades, que las habría, se centra en sus dudas amorosas, y ahí la película se convierte en una película más del landismo, donde el becerro español -en este caso inglés- sale al extranjero, queda deslumbrado por la belleza y ligereza de una francesa (siempre la tentación es francesa, y siempre es mentira, porque siempre es belga, como Tintin o Brel), se enamorisca, y al final siempre vuelve al pueblo donde la espera su choni con los rulos puestos. La historia de siempre. Luego, las dudas, el arrepentimiento, las pastillas, el miedo a la gira americana, y lo que ya sabemos.

Todo por no tener la lucidez de Bambino, mil veces más punk que todos los granudos del Hate y del No Future, que sabía muy bien qué hacer y lo cantó a grito pelado en Corazón loco:

Aquí va mi explicación,
a mí me llaman sin razón, corazón loco,
una es el amor sagrado,
compañera de mi vida,
esposa y madre a la vez,
y la otra es el amor prohibido,
complemento de mi alma,
y a quien no renunciaré,
y ahora ya puedes saber,
cómo se pueden querer,
dos mujeres a la vez, y no estar loco.