De todos los niños “prodigio” (o digamos mejor niños actores en este caso) de la historia del cine destaca un caso por lo extravagante y exótico: el del niño indio Sabu. Un chaval feucho y cabezón que participó en un montón de películas sobre todo británicas haciendo siempre de contrapunto exótico y vagamente humorístico de los protagonistas blancos. Nunca interpretó un papel “normal” y pasada la veintena seguía repitiendo su papel de Mogwli
Sabú nació en la India y era hijo de un conductor de elefantes, fue descubierto por el documentalista Robert Flaherty. Los hermanos Korda le dieron papeles en “The Drum” “El Libro de la Selva”, y su película más recordada, “El Ladrón de Bagdad”. En Hollywood se unió a la trouppe de Maria Montez y sus películas kitsch de aventuras orientales con nulo rigor histórico, incorrección política a raudales, decorados coloristas y encanto sin igual, cuyo film estrella es “Las mil y una noches”. Ya talludito tuvo la suerte de tener un papel en una de las mejores películas de la historia: “Narciso Negro” de Emeric y Pressburger.
Su vida personal también tiene ese toque aventurero de sus películas, tras nacionalizarse estadounidense luchó en la Segunda Guerra Mundial (y hasta fue condecorado) y más tarde siguió montando elefantes en películas europeas de poca monta, trabajando también el circo. Su hijo creó una banda de rock en los 80 llamada también Sabu. ¡Que alguien encuentre sus discos!.
Tuve la ocasión de revisar esta obra maestra en un ciclo dedicado a Mankiewicz en una filmoteca junto con la comentada hace poco “Odio entre Hermanos”. Operación Cicerón (Five Fingers, 1952) pertenece a ese maravilloso subgénero del cine de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial.En principio no parece un tema típico para Mankiewicz, pero si se mira bien la historia, Diello, el personaje protagonista es como la Eva Harrinton de “Eva al Desnudo” o los protagonistas de otros de sus films, un arribista que reescribe su propia historia a su antojo, y que se convierte finalmente en lo que desea ser.
James Mason interpreta al protagonista con su habitual encanto y sutileza. Interpreta a un albanés (probablemente la única película de Hollywood cuyo protagonista es un albanés) que desde la Ankara neutral durante la guerra mundial (también probablemente la única película de Hollywood cuya acción transcurre principalmente en Ankara) consigue engañar a todos los bandos para su propio beneficio.
Danielle Darrieux, en uno de sus mejores papeles en Hollywood, le da la réplica amorosa como una condesa Polaca arruinada en una relación contaminada por la ambición, las diferencias de clase, el dinero y el poder (es decir puro Mankiewicz).
Esta rocambolesca historia de espías está basada en un célebre caso real de la época. Esta excusa no importa realmente, si toda la historia fuera falsa como la identidad de Diello, la película sería igual de fascinante.
Parece mentira que “Narciso Negro” (Black Narcissus, 1946, Michael Powell y Emeric Pressburger) no sea aún más famosa de lo que es. Confieso que yo la vi por primera vez hace unos meses en un cine de repertorio y me dejó con la boca abierta.
Protagonizada por Deborah Kerr y fotografiada de un modo sublime por Jack Cardiff, Narciso Negro cuenta la historia de un grupo de monjas en el Himalaya a las que se les concede un antiguo lupanar para transformarlo en un convento, escuela y hospital. Poco a poco, el viento y el aislamiento va resquebrajando la moral de las monjas. Vuelven sus recuerdos, sus obsesiones y hasta asoma la locura. Es un drama (con toques de ironía) que nunca camina por terrenos previsibles y que en muchas ocasiones juega con imágenes casi surrealistas.
Es la película que hubiesen querido rodar Almodóvar, Bergman, Scorsese y Buñuel (es especialmente buñueliano el papel de David Farrar) y las escenas finales entre Deborah Kerr y la rebelde hermana Ruth (interpretada por Kathleen Byron) son inolvidables y un icono de la Historia del Cine.
Está rodada íntegramente en estudio (salvo algunas escenas en un jardín de Inglaterra), y la última escena que comienza con un primer plano de gotas de lluvia cayendo sobre unas hojas para abrirse a un plano general de la huida de los personajes bajo la lluvia torrencial es un alarde técnico increíble en 1946.
Las consecuencias de las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial siguen y seguirán siendo tema para innumerables películas. En este caso “El Lector” (The reader) a través de dos personajes enamorados y unidos por la lectura se reflexiona sobre la culpa y la redención. Los dos personajes son de dos generaciones diferentes y así su punto de vista y comportamiento refleja la actitud de los alemanes ante el Holocausto, aunque ningún momento de su acción se sitúa durante la Alemania Nazi.
Una película dramática y romántica llena de reflexiones que curiosamente ha sido recibida con polémica en Estados Unidos no por su contenido político sino por su contenido sexual (ya que la Winslet seduce a un adolescente).
Kate Winslet gana de nuevo la partida con un papel complejo en la que hace gala de su enorme naturalidad ante la cámara. No le hace mucha justicia en la segunda parte el artificial maquillaje para envejecerla (por cierto que tampoco me gustaba nada como envejecía Julianne Moore en la anterior obra de Daldry, “Las Horas”). David Kross da una perfecta réplica a la Winslet, y Ralph Fiennes tiene un papel más discreto como el mismo personaje de mayor (aunque en el mentiroso cartel internacional aparezca leyendo un libro al alimón con la Winslet de joven).
La novela de Evelyn Waugh “Retorno a Brideshead” (Brideshead Revisited) sobre la diferencia de clases y la destrucción de la sociedad privilegiada tras la Segunda Guerra Mundial vive en la memoria del espectador como la magnífica serie de la BBC de los años ochenta protagonizada por Jeremy Irons.
Ahora, en 2008 Julian Jarrold la adapta de nuevo con la misma casa como decorado y un reparto igual de poderoso (Mathew Goode, Emma Thompson, Ben Whishaw y Haley Atwell) pero como resultados mucho más discretos. El trailer promete una actualización kama-sutra de la novela con lo que “el escritor sugirió pero no se atrevió a escribir” y en realidad la película solo tiene una escena de sexo y es casta y hasta pacata.
Pretende ir en la onda empezada por “Las Amistades Peligrosas” (Dangerous Liaisons, 1988 Stephen Frears) y cuyo último exponente es “Expiación” (Atonement, 2007 Joe Wright) que es incorporar la tensión sexual a las a veces encorsetadas películas de época. Pero esto se debe hacer siempre que a) venga a cuento y b) los otros mensajes de la película u obra que adapta no se pierdan. En este caso no se cumplen ninguno de las premisas y además las escenas de sexo no son tales. El mensaje de la novela en la que un artista de origen sencillo se deja seducir por una familia rica hasta darse cuenta de sus insalvables diferencias sociales y espirituales con ellos, se convierte en una peli sobre un tipo que duda si cambiarse de acera mientras decide a cual de los hermanos se llevará a la cama. Y mientras tanto se da cuenta que los católicos son muy malos.
La inmediata reacción ante esta peli es obvia: “¡Oh no! ¡Keira Knightley quiere ganar un oscar a toda costa!” Y probablemente sea cierto, y además el modo más fácil puede ser utilizar su pedigrí inglés y peluca en ristre interpretar a un personaje histórico en un drama de represión y miriñaque.
Lo cierto es que después de superar las iniciales reticencias ante el producto hay que reconocer que la película es buena, y que Keira ha aprendido mucho en los últimos años. Probablemente el papel de Georgiana, la poco convencional Duquesa de Devonshire durante el siglo XVIII, no haga que la Knighley se lleve al ansiado premio a casa pero es seguro que la crítica sabrá reconocer que es capaz de llevar la película sobre sus espaldas en un papel complejo y rico, aunque el duelo interpretativo con Ralph Fiennes aún le venga grande. Parece que sus mohines y risitas han quedado atrás.
La película pretende nadar entre dos aguas sin conseguirlo, por un lado quiere ser un retrato serio de la vida de la época y logra momentos de gran emoción (como el de la entrega del hijo); y por otro lado quiere atraer a las lectoras de las revistas del corazón con evidentes salidas de tono y con losesfuerzos de los directores artísticos por hacer las pelucas, vestuario y maquillaje del XVIII atractivos para el espectador de hoy.
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