Quien quiera que tuviera la idea de juntar en una película el universo de Roald Dahl, con la imaginería y el talento de Wes Anderson se merece el cielo. The Fantastic Mr Fox es la última joya del creador de Los Tennenbaums, Academia Rushmore o Viaje a Dajeerling. Está rodada con marionetas con la técnica de stop motion, que le da ese toque retro entrañable tan característico de Anderson y tan apropiado para un cuento infantil. Anderson de hecho adapta la historia de Dahl, pero no renuncia a ninguna de sus características: su cuidada y excéntrica dirección artística retro, su troupe de actores habitual (además de George Clooney y Meryl Streep cuenta con los habituales Bill Murray, Owen Wilson y Jason Schwartzman) y el acompañamiento musical exquisito (tanto en la banda sonora de Alexandre Desplat como las canciones de los Rolling Stones o Beach Boys).
Parte de la crítica británica ha recibido con frialdad la película al ser una clara americanización de una historia muy querida y tenida por totalmente británica. Pero está claro que para Anderson se la llevara a su terreno ese cambio era lógico, y también es cierto que en España los libros de Dahl no son tan conocidos, y el sacrilegio no parece tanto. La película es probablemente para que todos los amantes del cine independiente lleven a sus hijos y que luego secretamente la revisen una y otra vez en dvd… Una joya y una gran noticia que Anderson nos traiga de nuevo una obra maestra al mismo nivel que Los Tennenbaums, ya que sus dos últimas películas eran ligeramente inferiores.
Llevaba mucho tiempo queriendo ver esta peli. Hace un par de años leí El manantial, la clásica novela de Ayn Rand y la película del libro era uno de mis objetivos, y esta Navidad la encontró mi hermano y me la compré.
La película gira alrededor de Howard Roark, arquitecto individualista radical, un personaje tan íntegro como a veces exagerado, pero siempre magnético. Gary Cooper fue el elegido y es una de las polémicas sobre la película, ¿estuvo bien la elección? A veces parece que no entiende nada de lo que hace Roark, ni en el -un poco largo- discurso final parece entregarse. Siempre parece que está actuando y que en realidad él era John Doe, no Howard Roark. ¿Qué actor podría haber hecho tan mítico papel? ¿Quizá una mezcla entre Clark Gable y Sterling Hayden?
La película es buena, porque King Vidor era bueno, y porque el nivel del cine en esa época era soberbio. A veces parece, como en casi todas las adaptaciones de novelones, que pasa todo demasiado atropelladamente, y que Patricia Neal -de la que hablamos otro día en estas mismas páginas- hace las cosas a tontas y a locas, y que el sufrimiento del genial Raymond Massey es gratuito, pero la historia de Roark contra el mundo es tan fabulosa y atractiva, y algunas escenas son tan maravillosas que vale la pena ver la película (aunque no presumas de liberal).
La otra gran novela de Rand, La rebelión de Atlas, parece ser que la va a hacer ¡¡¡Angelina Jolie!!! No habría pensado, pero haría una fantástica Danny Taggart. Habrá que esperar a 2011, pero gran punto a favor de la Jolie.
Creo que esta gran obra maestra, adaptación de una novela de Sinclair Lewis, está relativamente olvidada debido a que no cuenta en su reparto con ninguna estrella y a que tanto su título en inglés como español pasa totalmente desapercibido. Aún así los críticos de Time la han escogido entre las 100 mejores películas de la historia, y en su día fue nominada a 6 Oscar.
Ah hilo de los post de la semana pasada sobre adaptaciones de cine, a veces grandes adaptaciones se han hecho poniéndose el mundo por montera, es decir sin pagar derechos a nadie. El caso más famoso es el de la adaptación de “El cartero siempre llama dos veces” de James M. Cain que hizo Luchino Visconti en 1943 titulada “Ossessione”. No es ni siquiera una adaptación libre, sino que sigue fielmente la historia que Tay Garnett filmó de nuevo en 1946 con Lana Turner (con turbante y de blanco) y el incomparable John Garfield, que años más tarde se llevaría de nuevo a la pantalla con Jessica Lange y Jack Nicholson.
James M. Cain no era tonto e impidió que se estrenara fuera de Italia hasta 1976. Es un caso curioso porque es una película excepcional que probablemente hubiera cambiado el rumbo de la historia del cine si se hubiera podido ver antes fuera de Italia. Rodada en unos increíbles exteriores en Ferrara, es un filme que retrata la pobreza y miseria en medio de un ambiente de lujuria y permisividad sexual totalmente inaudita para la época. Los protagonistas son totalmente creibles como pobres diablos (no como Lana Turner) y a la vez son carnales: el peludo Massimo Giroti y Carla Calamai (la versión sensual de Anna Mangani). Es neorrealismo antes de Roma Ciudad Abierta (Roberto Rossellini).
Quizás este es el caso en el que existen más ejemplos ya que cientos de películas ilustres están basadas en obras literarias olvidadas y olvidables. Vamos a repasar algunas en las que al menos la obra literaria es relativamente famosa.
Rebeca (Rebecca, 1940, Alfred Hitchcock) Para su debut en Hollywood Hitchcock escogió adaptar la entretenida y popularísima novela de Daphe Du Marier sobre los fantasmas del pasado. Hitch la adaptó más o menos fielmente pero le añadió oscuridad, humor y un poco de mala leche y transformó la trama en algo extraordinario. Si hubiera tenido un poco de más poder hubiera llevado su idea aún más lejos traicionando más la novela.
Laura (1946, Otto Preminger) El cine negro siempre se ha alimentado de la literatura y la literatura del cine negro. El original de Vera Caspary era un material un tanto de prestigio para una película sin estrellas de primera pero la adaptación de Otto Preminger hizo que de la novela hoy no quede ni rastro.
Lo que el viento se llevó (Gone With The Wind, 1939, Victor Fleming) No se pueden repasar las adaptaciones cinematográficas sin referirnos al best seller de best sellers adaptado con más éxito. El folletín de Margaret Mitchell era un material de primera para una superproducción y David O’Selznick puso toda la carne en el asador para hacer “la película más grande de la historia”. Las cuatro horas del filme dieron de sobra para hacer una adaptación respetuosa y además mejorar el original. La película hoy no está tan considerada como hace años pero su leyenda es inmortal y aún es considerada como un película esencial. La novela en cambio ha quedado en el mismo cajón que las de Mary Higgings Clark: en el de las ofertas de hipermercado.
No hay nada más decepcionante que ver como un material de primera se ve transformado en una película cutre. Además estas adaptaciones de obras de postín normalmente atraen mucho talento (grandes actores, directores artísticos, fotógrafos…) y el resultado final no está a la altura de nadie.
Ana Karenina (Anna Karenina, 1948, Julien Duvivier) La película ya comienza con unas maquetas de trenes baratísimas y lo que sigue no es mucho mejor. Vivien Leigh en uno de sus típicos vehículos de prestigio naufragó esta vez con esta esquemática, abreviada, confusa y desapasionada adaptación del clásico de Tolstoi. Reducir 900 páginas a una hora y media no era desde luego fácil pero ni siquiera Vivien Leigh se salva con su rutinaria interpretación.
-La Letra Escarlata (The Scarlett Letter, 1995, Roland Joffé). La película era un intento claro del estudio de hacernos creer que Demi Moore además de sex symbol petardo podía ser también una gran actriz. El tiempo nos ha dado la razón, y “La Letra Escarlata” queda como un intento fallido de llevar a la pantalla la obra de Nathaniel Hawthorne sobre la vida de los pioneros en las primeras colonias norteamericanas. El mayor defecto de la película (muy común en el cine actual) es hacer pasar la obra por un alegato feminista avant la letre.
La Hoguera de las Vanidades (The Bonfire of the Vanities, 1990, Brian de Palma). No es todo tan malo en la película de Brian de Palma como se dijo en su día pero lo cierto es que el complejo estudio de personajes de la novela de Tom Wolfe queda totalmente desdibujado en la pantalla. Probablemente un director como De Palma que siempre ha preferido en continente sobre el contenido no era el director más apropiado. Quizás el casting masculino tampoco era muy acertado.
Hay ocasiones en las adaptaciones cinematográficas son capaces de captar la esencia y complejidad de una gran obra literaria. Hay algunos directores que son extremadamente hábiles en este traspaso del papel a la pantalla como David Lean (sus adaptaciones de Dickens siguen siendo las mejores de las muchas rodadas) o Anthony Minghella. Vamos a ver cinco ejemplos:
-Matar a un Ruiseñor (To Hill a Mockingbird, 1962, Robert Mulligan) La novela de Harper Lee no podía haber tenido una mejor adaptación que esta. Contiene todos los detalles de la narración, mantiene su mágico punto de vista infantil y los valores morales encarnados en Atticus Finch. Está rodada con mimo e interpretada magistralmente. Todos hemos querido un padre como Atticus.
-Dublineses (The Dead, 1987, John Huston). No se me ocurre un escritor más difícil de adaptar al cine que James Joyce. Como en el resto de su obra en el relato “Los Muertos” (incluido en el libro “Dublineses”) la acción es casi exclusivamente introspectiva. John Huston fue capaz de adaptar con gran éxito a Joyce en su última película llenando la pantalla de matices y de sincera emoción.
-La Tía Tula (1964, Miguel Picazo) La Novela de Miguel de Unamuno se convirtió en la base de uno de los mejores filmes españoles de la historia. Picazo traspasó la acción de la novela a los años 60 y escogió como protagonista a Aurora Bautista (conocida por sus sobreactuadas heroínas históricas) que llena la película con su poderosa interpretación llena de erotismo.
-Doctor Zhivago (1965 David Lean) La novela de Boris Pasnernak era muy apropiada para adaptarse al cine y David Lean el mejor director para llevar esa gigantesca empresa a buen puerto. Es grandiosa e intima, el paradigma de las superproducciones de lujo.
-El Gatopardo (1963 Luchino Visconti). La identificación de la novela con la película es tan grande que da la sensación que Lampedusa (el escritor) y Visconti eran almas gemelas. Lo cierto es que la lectura de la novela y la visión de la película es casi complementario: la novela da detalles que la película no da y viceversa. Burt Lancaster, Alain Delon y una bellísima Claudia Cardinale son el casting perfecto.
Me encanta el chiste viejísimo en el que dos ovejas pastando en un campo de cinta cinematográfica se dicen la una a la otra: “Me gustó más el libro”. Es el tópico de los tópicos: no es posible adaptar un libro al cine con éxito. Este tópico como todos tiene parte de verdad (es muy difícil captar la complejidad de una obra literaria que disfrutas durante días en hora y media de metraje) pero tiene parte de mentira, ya que hay de todo. Yo siempre he defendido que el cine es un arte en si mismo y que hay que ver las adaptaciones como si no conociéramos la novela, pero entiendo que es harto difícil Vamos a hacer un repaso breve de las tres posibles combinaciones:
- Grandes Películas de Grandes Novelas
- Pequeñas Películas de Grandes Novelas
- Grandes Películas de Pequeñas Novelas
Pondremos aparte las adaptaciones bíblicas (en las que Cecil B. De Mille disfrutaba de lo lindo convirtiendo la Historia Sagrada en un sinfín de intrigas amorosas con atrevidillas pecadoras y profetas castigadores, el mejor ejemplo sería “Sansón y Dalila”) y también aparte quedarán la mitología griega (de la que han saltado a la pantalla cientos de disparates entrañables) y finalmente la novela de terror (Frankestein de Mary Shelley o Drácula de Bram Stoker han sido normalmente adaptados de una manera tan libre que solo quedaba el título y el concepto general).
En una de las versiones clásicas hollywoodienses de Romeo y Julieta se citaban como guionistas al que adaptó la obra y al lado William Shakespeare. Así, con naturalidad, se ha entendido siempre el papel de la literatura en el cine.
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