Zac Efron es junto con Ronbert Pattinson las estrellas cinematográficas juveniles del momento. Ladiferencia entre los dos es que Efron ha terminado con la saga que le tenía en el candelero (High School Musical de Disney) y ahora es su momento de renovarse o morir. Es decir de conseguir sobrevivir y crecer como actor o perderse para siempre como otro ídolo adolescente al olvido.
Efron cuenta con una belleza casi femenina como un jovencito Alain Delon o como Tyrone Power. Tyrone Power se quedó encasillado como galán relamido, y no parece que haya hueco para un actor así en el cine actual, pero en cambio Efron se podría convertir en un nuevo Delon, que consiguió con unas leves ojeras de trasnoche darle a su rostro angelical una doblez de maldad que hizo sus personajes irresistibles. Efron necesitaría un buen papel de villano o de sinvergüenza para saber si puede salir de la imagen de baboso de carpetas de colegialas.
De momento lo que ha hecho aparte de la saga de Disney es una película del mismo estilo “17 otra vez” y dos intentos de un cine de algo más calidad en “Hairspray” y “Orson Welles y Yo” de Richard Linklater. Su siguiente movimiento será clave.
Esta noche Disney estrena en Londres mundialmente una nueva versión del “Cuento de Navidad” (A Christmas Carol) de Charles Dickens. Es exactamente la enésima. Esta vez han unido fuerzas con Robert Zemeckis y su cruzada por la técnica de animación probada ya en Polar Express y en Beowulf (“performance capture” en la que actores reales son filmados y luego cubiertos por animación digital). La técnica ha avanzado y el resultado no es tan terrorífico como en Polar Express, pero aún resulta un tanto incómodo. Es difícil buscarle explicación, la verdad, a esta técnica ¿Cuál es la ventaja una vez que Pixar ha demostrado que se puede alcanzar todos los matices de una actuación con robots, ratas y juguetes?
Cuadra perfectamente este enfoque con la decisión de Disney de estrenar todas sus películas en 3D, ya que el performance capture es perfecto en tres dimensiones. La diferencia respecto a UP y a Bolt es que en este caso Zemeckis opta por filmar el Cuento de Navidad como una auténtica montaña rusa. En algunas ocasiones el efecto es apabullante, pero al utilizar el mismo recurso una y mil veces resulta cansino y mareante. Parece que su único interés es justificar que necesita la animación digital y no la acción real para poder hacer esas tomas circenses arriba, abajo y a través de los lugares más conocidos de Londres. Hubiera sido más apropiado centrarse en captar la sutil y clásica combinación Dickensiana de realismo social, fino humor y buenos sentimientos.
La imaginaría utilizada es en ocasiones maravillosa, como en el caso de los tres espíritus (especialmente el que hace de vela), Jim Carrey está apropiado pero el tercer intento de Zemeckis queda un tanto deslucido al darse uno cuenta que la versión protagonizada por el Pato Donald también para Disney es bastante mejor, y más imaginativa.
Los estudios Disney-Pixar están apostando fuerte por las 3 dimensiones esta temporada. “Bolt” abrió fuego, y ahora “UP” y “G-Force” consolidan la tendencia. El cine en 3D es una vieja herramienta del cine para luchar contra la televisión. Cuando el cine en casa se hace más y más importante los estudios siempre buscan alternativas para ofrecer algo en un teatro que una tele no puede ofrecer.
Desde los primeros tiempos del cine se empezó a experimentar con las 3 dimensiones, en 1922 se estrenó la primera película en 3D y desde entonces han llegado varias oleadas de estrenos. En 1953, “Man in the Dark” una de cine negro fantástico con escenas en parque de atracciones incluido, y sobre todo “Los crímenes del Museo de Cera” consolidaron con gran éxito la técnica. El éxito de la última coronó a Vincent Price como rey del 3D y al terror de serie B como el género más adecuado para el experimento.
Más tarde en 1954 Hitchcock intentaría con “Crimen Perfecto” (Dial M for Murder) llevar al sistema al cine más serio… pero el público y sobre todo los exhibidores perdieron el interés. Ahora desde el éxito de los cines IMAX, y el primer experimento de “Polar Express” Disney parece empeñada en imponer de nuevo la moda de las gafas de colores, y ya anunciado que todas las películas de Disney-Pixar serán lanzadas en esta técnica. Otros estudios también lo están intentando (Coraline es en 3D) y se han anunciado otras.
G-Force no es de dibujos animados, sino de acción real. Cuatro cobayas que hablan son agentes especiales del FBI que intentan salvar al mundo. Las tres dimensiones subrayan las escenas de acción y los espectaculares efectos especiales sin ser una continua montaña rusa como las pelis del IMAX, y las gafas le dan al cine esa “experiencia” distinta a ver la tele. Por supuesto que es cine familiar de Disney de toda la vida… es decir perfecta para la tele un domingo por la tarde, pero perdiéndose las 3D, claro. Por cierto, Penélope Cruz da voz a la sexy cobaya hispana.
Nueva incursión de la factoría Disney en las películas de acción real-tontorrona para toda la familia. Esta vez es una suerte de reverso tenebroso de “Amores Perros” (Alejandro González-Iñárritu) ya que también parte de la acción se desarrolla en peleas clandestinas de perros en Ciudad de México, pero bajo el tamiz de Disney. La mayor parte de la acción se desarrolla en un México colorido, tópico, infantiloide y descacharrante.
En la versión original Drew Barrymore, Andy García y… nuestro Plácido Domingo (¡!) dan voz a los perrillos. Jamie Lee Curtis es el único nombre ilustre que da la cara. Disney no falla, la película no es más de lo que promete: un divertimento intrascendente para los más pequeños. Y cuenta con una de las escenas más grotescas de la historia del cine: toda la parte que se desarrolla en la ciudad de los Chihuahuas, un delirio de Kitch Azteca que realmente está al borde de la vergüenza ajena.
Se echa de menos un poco de mala baba en el guión. Sin interferir en la trama infantil podrían haber incluido un par de chistes buenos.
Ya se están publicando por doquier las cifras no oficiales de la recaudación total de 2008, y parecer que en general los datos son positivos, y la crisis no ha afectado en absoluto al cine.
Las 10 películas más taquilleras en Estados Unidos (según Box Office Mojo)
1
The Dark Knight
$531,006,084
2
Iron Man
$318,313,199
3
Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
Disney llevaba sin dar plenamente en la diana en el cine de animación desde mediados de los noventa. Y no es que no lo hayan intentado (se han estrenado en muchas ocasiones dos películas al año), y tampoco se puede decir que hayan fracasado (casi todas estas películas han dado dinero) pero lo cierto que la competencia de Pixar (ahora parte de Disney) y de Dreamworks hacía que la casa creadora de largometrajes de dibujos animados pareciera jugar ahora en una segunda división.
Bolt viene a romper esta racha. No es una obra maestra como “Wall-e” o “Buscando a Nemo” pero está a la altura de “Ratatouille”, “Cars” (o cualquiera de las obras de Pixar menos logradas) y supera con creces cualquier peli de Dreamworks. Bolt es divertida, familiar, bien escrita y sobre todo apropiada y entendible para niños. Los personajes secundarios son en cierto modo previsibles, pero lo suficientemente divertidos como para que aguanten bien la función. Mención especial merecen las palomas.
El estilo visual (se recomienda ver la versión en 3-D) es cercano a la animación de Pixar (no en vano Lasseter ha supervisado el proyecto) pero sin romper moldes como la mencionada Wall-e. Cine familiar de calidad no es algo tan sencillo de encontrar. Disney vuelve al lugar que nunca debió dejar, la primera división de la animación. Bienvenidos.
La película empieza con una gran sorpresa: el careto de Alicia Borrachero en primer plano. Tras este primer ¿pero que hace esta aquí? todo se vuelve mucho más convencional en “Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian” (The Chronicles of Narnia: Prince Caspian, 2008, Andrew Adamson) Intentando repetir el éxito de otras sagas cinematográficas archiconocidas la casa Disney ha puesto toda la carne en el asador en la adaptación de las novelas de C. S. Lewis. Y lo ha conseguido a medias ya que el Príncipe en cuestión repite los defectos más clásicos de este tipo de secuelas.
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