El argentino Juan Gatti es probablemente el diseñador de carteles más conocido del cine español. Es el Saul Bass del cine patrio y su Alfred Hitchcock particular es Pedro Almodóvar. La obra de Gatti está íntimamente ligada a la del manchego y lo que entendemos por el cine y el estilo “almodovariano”. Pero su carrera en el cine no está solo ligada a Almodóvar, sino que también ha diseñado carteles y títulos de crédito para Fernando Trueba, Alex de la Iglesia o Manuel Gómez Pereira entre muchos otros.
Como protagonista del momento álgido de la denominada “movida
madrileña, Juan Gatti, además del cine también es responsable de la imagen de un montón de discos de los años 80 y 90, como las imperecederas portadas de los discos de Alaska y Dinarama (como “Deseo Carnal” y muchos otros hasta llegar a los de Fangoria), Mecano o Nacha Pop.

Su obra tiene ecos, por supuesto del arte Pop y la estética postmoderna así como del constructivismo ruso y sus collages. Su estilo (como todo lo “almodovariano”) ha sido imitado hasta la saciedad, especialmente, el cartel y los títulos de crédito de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” pero su elegancia ha sido pocas veces igualada.
De entre su obra he escogido, la imitada hasta por la Streisand “Hable Con Ella”, el conocidísimo cartel de ”La Comunidad”, el de ”Entre las Piernas” y una rareza, el cartel para el corto en blanco y negro que estaba integrado en “Hable Con Ella”: “El amante Menguante” protagonizado por Paz Vega y Fele Martínez.

Lo más impactante de una película tan esteticista como esta es que sea rematadamente antiestética. ¿Cómo es esto posible? La adaptación del mítico cómic de Will Eisner ha llegado finalmente, de la mano de Frank Miller, como una suerte de anuncio de que la moda de las adaptaciones de cómics o “novela gráficas” está llegando a su fin.
Desconozco el cómic original pero la película es una historia embarullada y carente totalmente de interés en la que una serie de personajes absurdos recitan diálogos imposibles con una dicción entre el cine negro y el anuncio de Ferrero Rocher (y para más INRI la mitad de la película es a ralentí). Todo esto no sería un problema si la película visualmente fuera rica, pero al contrario, es un naufragio total. Los decorados son muy pobres, la fotografía pastosa y oscura, el maquillaje y ambientación de baratillo.
Paz Vega está guapísima en su pequeña aparición y expresa perfectamente la extravagancia de la película. Se ha contratado a una famosa actriz española para hacer de francesa hablando francés e inglés (con acento de sevillano de fondo, por supuesto). ¿Era tan necesario que hiciera de francesa? ¿Era necesario contratar a una española?
Buceando por varios chats cinéfilos norteamericanos (por ejemplo en imdb) sorprende encontrarse con un montón de comentarios sobre el supuesto gran parecido entre Paz Vega y Penélope Cruz. La Cruz totalmente asentada en el imaginario americano parece ser un obstáculo para que la Vega termine de calar. Los americanos parecen encontrarlas intercambiables, ya se sabe guapas, morenas, de pelo largo y españolas. ¿Si ya tenemos a Pe para que queremos a Paz? Para los espectadores españoles no nos pueden parecer más distintas tanto como Sevilla es distinta de Madrid.

Los inicios de la sevillana en Hollywood son parecidos a los de Pe, papeles de latina con acento en producciones de poco relumbrón, algo de cine europeo y algún escarceo en cine de más calidad. La suerte de Penélope fue nadar y guardar la ropa, es decir, lo que quieran los yanquis, pero fiel a muerte al todopoderoso Almodóvar. Continuar leyendo ‘Paz Vega contra Penélope Cruz’
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