Una prueba o un “screen test” es algo muy común desde el principio de la historia del cine y revisar los de algunas estrellas de cine en sus comienzos es una delicia que los extras de los dvd’s y ahora “You Tube” nos brinda. Algunos que he encontrado:
Audrey Hepburn era una total desconocida cuando se presentó al casting de Vacaciones en Roma (Roman Holiday, William Wyler) Es uno de los pocos casos en los que un debut cinematográfico acabó en estrellato y oscar todo de un golpe.
Aunque Vivien Leigh era toda una estrella en el Reino Unido, cuando llegó a Hollywood en 1938 para probar suerte como Escarlata O’Hara ambicionaba también el papel que haría de Joan Fontaine una estrella, el de la protagonista de “Rebeca” (Alfred Hitchcock). Su marido Lawrence Olivier había ido a California para protagonizarla pero Hitchcock consideró que la inexperiencia y la cara de pánfila de Fontaine iba mejor al papel que los mohínes de la Leigh. Acertó, siempre he pensado que Vivien debería haber protagonizado una precuela como la mismísima Rebeca.
Marlon Brando en este vídeo hace una prueba (actuando fatal) para “Rebelde Sin Causa” pero no parece corresponder con ninguna escena de la película de Nicholas Ray.
Las pruebas también pueden ser un modo de publicitar una película y un papel David O Selznick sabía esto mejor que nadie y así hizo pruebas a las actrices más absurdas para el papel del siglo, el de Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó”. La gran Tallulah Bankhead, Susan Hayward, Lana Turner, Paulette Goddard y muchas más hicieron sus pruebas. La Goddard hubiera sido una buena elección, sin duda, en algunas de las pruebas se oye al mismísimo Cukor detrás de la cámara.
Hay actores que jamás superan el éxito de un papel y que se pasan la vida o bien repitiéndolo o bien huyendo de él. Hay algunos papeles que marcan tanto que requiere grandes dosis de talento y tenacidad salir de ellos. Así Vivien Leigh pudo escapar de Scarlett O’Hara, Anthony Hopkins de Hannibal Lecter y Romy Schneider a duras penas pudo huir de Sissi. Estos son algunos de los casos más conocidos de los que no pudieron salir:
Rita Hayworth. Hermosa, sensual y llena de encanto Rita se pasó la vida y la carrera siendo Gilda una y otra vez. El magnético papel que interpretó en 1946 junto a Glenn Ford en el clásico del cine negro la persiguió hasta la locura. Tan solo en “La Dama de Shanghai” de su marido Orson Welles pudo exorcizar un tanto a Gilda pero el público el volvió la espalda y ella tuvo que volver a su anterior imagen.
Anthony Perkins. Antes de interpretar al perturbado Norman Bates en Psicosis Tony Perkins era un ídolo de jovencitas con un gran futuro por delante. Un nuevo James Dean. Tras el éxito del film de Hitchcock nunca volvió a levantar cabeza y hasta se vió protagonizando vergonzantes secuelas.
Julie Andrews. Sus papeles de ñoña en “Sonrisas y Lágrimas” (The Sound of Music) y en “Mary Poppins” hicieron que el público se negara a ver otra cosa. Intentó todo desde la heroína hitchcokiana de “Cortina Rasgada” hasta el desnudo en “SOB” dirigida por su marido Blake Edwards. Tan solo la maravillosa “Victor o Victoria” (también de Edwards) nos hizo ver que nos habíamos perdido.
Michael J. Fox. El ídolo juvenil de los 80 es el prototipo de actor que nunca le dejaron crecer y que pasada la treintena seguía interpretando su papel de “Regreso al Futuro” el adolescente ocurrente. Ahora tristemente le pasa un poco igual, ha pasado de ser el eterno adolescente al actor enfermo de Parkinson.
Si hay un personaje que tiene mala prensa en la historia del cine, ese es sin duda el meticuloso-metomentodo productor David O. Selznick. Aparte de haberse inventado la “O” de su apellido, se le acusa de haber echado a George Cukor de “Lo que el viento se llevó”, de atormentar a Hitchcock con sus memorandums llenos de exigencias en el rodaje de “Rebeca”, de mutilar “El Proceso Parradine” y “Recuerda” también de Hitchcock y sobre todo meter hasta en la sopa a su segunda esposa, la irritante Jennifer Jones.
Powell y Pressburger ganaron una batalla legal para mantener la integridad de su obra “Camino a la Tierra” protagonizada también por Jennifer Jones de la que Selznick cortó casi un tercio del metraje.
La otra cara de la moneda es su legado. Él fue el responsable de que Alfred Hitchcock viajara a América y llevó a Hollywood para convertirles en estrellas mundiales a Ingrid Bergman, Vivien Leigh o Laurence Olivier. Lanzó también a Joan Fontaine, Joseph Cotten y a la Jones. Responsabilidad suya son una serie de grandes películas, aparte de las citadas “Lo que el viento se llevó”, “Rebeca” y “Recuerda” otras como “El Tercer Hombre” “Jennie” o “Duelo al Sol”.
Un detalle que cuenta Ingrid Bergman en su autobiografía hace que no parezca tan tirano. Nada más llegar de Suecia, cuando el departamento de publicidad discutía como iban a transformar a la Bergman cambiándole los dientes, las cejas, el pelo y el nombre (por supuesto) Selznick montó en cólera: la naturalidad de la Bergman era su mejor baza y no pensaba dejar que nadie la transformara en otra starlette. Tonto no era… Seznick es sin duda uno de esos personajes que marcaron una época en la historia del cine.
Quizás este es el caso en el que existen más ejemplos ya que cientos de películas ilustres están basadas en obras literarias olvidadas y olvidables. Vamos a repasar algunas en las que al menos la obra literaria es relativamente famosa.
Rebeca (Rebecca, 1940, Alfred Hitchcock) Para su debut en Hollywood Hitchcock escogió adaptar la entretenida y popularísima novela de Daphe Du Marier sobre los fantasmas del pasado. Hitch la adaptó más o menos fielmente pero le añadió oscuridad, humor y un poco de mala leche y transformó la trama en algo extraordinario. Si hubiera tenido un poco de más poder hubiera llevado su idea aún más lejos traicionando más la novela.
Laura (1946, Otto Preminger) El cine negro siempre se ha alimentado de la literatura y la literatura del cine negro. El original de Vera Caspary era un material un tanto de prestigio para una película sin estrellas de primera pero la adaptación de Otto Preminger hizo que de la novela hoy no quede ni rastro.
Lo que el viento se llevó (Gone With The Wind, 1939, Victor Fleming) No se pueden repasar las adaptaciones cinematográficas sin referirnos al best seller de best sellers adaptado con más éxito. El folletín de Margaret Mitchell era un material de primera para una superproducción y David O’Selznick puso toda la carne en el asador para hacer “la película más grande de la historia”. Las cuatro horas del filme dieron de sobra para hacer una adaptación respetuosa y además mejorar el original. La película hoy no está tan considerada como hace años pero su leyenda es inmortal y aún es considerada como un película esencial. La novela en cambio ha quedado en el mismo cajón que las de Mary Higgings Clark: en el de las ofertas de hipermercado.
No hay nada más decepcionante que ver como un material de primera se ve transformado en una película cutre. Además estas adaptaciones de obras de postín normalmente atraen mucho talento (grandes actores, directores artísticos, fotógrafos…) y el resultado final no está a la altura de nadie.
Ana Karenina (Anna Karenina, 1948, Julien Duvivier) La película ya comienza con unas maquetas de trenes baratísimas y lo que sigue no es mucho mejor. Vivien Leigh en uno de sus típicos vehículos de prestigio naufragó esta vez con esta esquemática, abreviada, confusa y desapasionada adaptación del clásico de Tolstoi. Reducir 900 páginas a una hora y media no era desde luego fácil pero ni siquiera Vivien Leigh se salva con su rutinaria interpretación.
-La Letra Escarlata (The Scarlett Letter, 1995, Roland Joffé). La película era un intento claro del estudio de hacernos creer que Demi Moore además de sex symbol petardo podía ser también una gran actriz. El tiempo nos ha dado la razón, y “La Letra Escarlata” queda como un intento fallido de llevar a la pantalla la obra de Nathaniel Hawthorne sobre la vida de los pioneros en las primeras colonias norteamericanas. El mayor defecto de la película (muy común en el cine actual) es hacer pasar la obra por un alegato feminista avant la letre.
La Hoguera de las Vanidades (The Bonfire of the Vanities, 1990, Brian de Palma). No es todo tan malo en la película de Brian de Palma como se dijo en su día pero lo cierto es que el complejo estudio de personajes de la novela de Tom Wolfe queda totalmente desdibujado en la pantalla. Probablemente un director como De Palma que siempre ha preferido en continente sobre el contenido no era el director más apropiado. Quizás el casting masculino tampoco era muy acertado.
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